Entrevista a la escritora, poeta y acuarelista salmantina Julia de la Rúa, por Juan Carlos Vásquez

«…Mientras los intereses mercantilistas sigan gozando protegidos de las malas artes que anulan la cultura, debemos seguir siendo honestos y no dándole importancia se les hace frente»


Julia De la Rúa es una escritora, poeta y acuarelista salmantina, con una amplia trayectoria artística que compatibiliza con la gestión empresarial cultural. Tan solo unos días después de la reapertura de la sede de la Araña Editorial «esta vez» en el emblemático barrio del Carmen, De la Rúa nos habló de sus inicios, de su obra y de este proyecto internacional ya consolidado en sus más de quince años de existencia. Hoy, Araña Editorial (http://aranyaeditorial.com/) y la librería La Telaraña comparten sede en pleno corazón de Valencia. Un proyecto que abarca todos los ámbitos del arte y que se abre al mundo sin distinciones. Un lugar al que apenas entras traslada a momentos e historias personales, gran potencial evocador que nos sitúan en el epicentro del ser humano. Desde la exaltación del amor, hasta las perturbaciones más íntimas, un lienzo sensitivo como ejemplificación de tantos puntos de vista, así es la Araña.

Foto: Juan Carlos Vásquez

—Me gustaría visualizar el lugar donde creciste, sus entornos, sus colores. ¿Crees que existe relación entre el mundo «onírico» de la niñez y la creación artística?, no lo intelectualices.

—Si no la hay, la creo fundamental. Nací en la Sierra de Béjar (Salamanca) una ciudad de ancestral historia y naturaleza en la que las estaciones se notaban todas y se las vivía de origen. El frío intenso, las nieves, los ríos de agua helada aun en verano… y lo más caótico por la estructura desigual del terreno en las calles y la huerta de mis abuelos en la que viví durante años. Allí descubrí la vida de los animales, los insectos, los árboles y las plantaciones de todo tipo de hortalizas… siempre vagando entre las mazorcas de maíz, los tomates, las zanahorias, los árboles frutales u otras plantas según las estaciones.

Los colores… Los recuerdos grises por la luz y las nieblas desde el otoño-invierno y muchos verdes y marrones por los árboles y los arbustos; los castaños abundaban, y las montañas aún en verano cubiertas de nieve, recuerdo las tormentas inesperadas que para mí eran un espectáculo sobrenatural, me encantaban.

No concibo el arte sin la naturaleza y sin ella la imaginación…  en aquellos años tuve un amigo imaginario que me guiaba por los lugares más agrestes a los que me escapaba sola. Fue mi guía incluso en la adolescencia, me duro durante muchos años, incluso en algún momento tengo nostalgia en mis momentos de rebeldía y la pasión por saber y conocer el universo e incluso los comportamientos humanos más primitivos hacia la sobrevivencia… también recuerdo de continuo escuchar a los mayores hablar de guerras, de hambre, de dolor… de misterio y de miedo… creo que jamás he vivido tan intensamente como de niña.

¡Imposible separar lo «onírico» de la niñez de la creatividad!

—La Araña es una editorial de vanguardia, con muchos autores publicados y la experiencia de más de una década. ¿Cuál ha sido la mayor dificultad y la mayor alegría en el transcurso de este tiempo? ¿Qué consejos darías a los que comienzan en el campo editorial?

—Araña editorial ha cumplido 16 años. La mayor dificultad, la de encajar la estética y valores que creíamos que podíamos ofrecer y que aún hoy cuesta. Más difícil intentar hacer sentir empatía o sensibilidad hacia recuperar la verdadera literatura, que hemos perdido en cuanto a vocabulario, profundidad, valores creativos y honestos.  Con el tiempo he descubierto que lo único que interesa cada vez más, es que se les edite sin pensar en los contenidos valiosos para los lectores, solo en la cantidad de títulos que pueden amasar, para cobrar protagonismo en los círculos, y eso cada vez es más común… lo cual empobrece notablemente todo contenido. El lucro como objetivo, y la vanidad de sentirse escritor ya desde un solo libro.

La mayor alegría… para mí la magia que conlleva crear el libro con estos parámetros y después luchar por su valor hacia los proyectos de lectura, la comunicación con los demás o el propio texto, el saber que el libro deja de ser del autor o autora y navega libre y será leído en libertad.

No sé dar consejos a las editoriales ya que están demasiado mercantilizadas la mayoría… Recuerdo a principios de los 80 que vivíamos otra filosofía, entonces yo trabajaba en la imprenta de nuestra primera editorial sobre textos en la Universidad de Valencia, eso sí que era puro arte, creatividad, compromiso y rescate de autores importantes; se buscaba la estética gozando cada minuto. Ahora se puede ver cómo la mayoría de los libros son todos iguales. Nuestra editorial no puede escapar de los que sentimos y seguimos creando como lo hacíamos en aquellos años, aun imperando nuevas tecnologías… El diseño, seguimos apostando por continuar buscando la fuerza de la belleza como objeto. Un libro es una responsabilidad enorme, ya que puede perdurar en el tiempo y eso cautiva mucho más a cualquier persona que pueda poseerlo.

—Tanto la literatura como el arte en general están condenados a juicios contradictorios. ¿Cómo se forma en Julia, esa cadena de sucesiones que constituyen el acto de la creación?

—Nunca he podido escapar de mí misma como creativa. Además, pienso y siento a la misma vez y a gran velocidad ¿Se llama el acto de tener ideas sobrenaturales? Son tan veloces que hablo y siento varias a la vez. Pintar o escribir es lo mismo… todo automático y de gran energía en movimiento. La contradicción es que existe la duda. Los principios de mis pinturas eran como las vivía interiormente. Pintaba mis montañas y a la vez cocinaba o hacía cualquier cosa en el hogar, después, me podía pasar horas observando «aquello» que había llenado el papel sin buscarlo.

Pasó un tiempo y quise saber qué sucedía si pintaba girando alrededor de un círculo, un punto… y ahí ya terminé buscando sentir a través del color formas y lugares inaccesibles para la mente. Sucede que cualquier suceso que me haga poner triste, me despierta y necesito pintar, y lo quiero hacer tan rápido que no soy capaz de hacer ninguna preparación… lo mismo con la poesía o componer algo de música. Expresionismo.

La literatura o el simple hecho de contar historias, desde niña tenía una gran capacidad de invención; mi primer libro escenificado en el Círculo de Bellas artes fue Historia de un vasito, uno de los cuentos que me inventaba para contarles a mis hijos de muy pequeños.

—Uno de los temas que me interesa investigar es tu idea de reivindicación, de ruptura: «De la esclava a la loba, ha matado a Dios como carga y se ha erigido en Diosa», versan las líneas introductorias de tu libro El perfil de los perros. Romantizar la escena y sin embargo volver a lo primitivo para establecer la venganza, una dualidad contrapuesta y al tiempo complementaria.

—En realidad, creo que desde niña tenía una libertad de ser yo, natural y muy vitalista, aunque por entonces no era consciente. Recuerdo ahora, que tú mismo lo comentas, que me decía para mí misma: «Cuando tenga 18 años, haré lo que me dé la gana». Aún me sucede, que me siento más sincera o mejor primitiva desde el mismo instante que siento o soy sin prejuicios de ningún tipo, por cierto, era muy melancólica, hasta la madurez.

No recuerdo que mis padres tuvieran que decirme qué hacer o decir… se acostumbraron a mi forma, e incluso yo mandaba o exigía que me tratasen bien, o el resto de hermanos o amigos. Creo que eso terminó dañándome, ya que utilizaban mi fortaleza sin importarles realmente qué necesitaba.  Sigo siendo muy vulnerable, muy natural, y es verdad que no necesito vengarme, pero curiosamente pasado el tiempo la vida me hace ver cierta venganza con aquellos que me hicieron daño, incluso intelectualmente.

Yo creo que es absolutamente complementario todo acto primitivo, incluso con la duda, el miedo, el respeto y el compromiso de cómo sentirnos desde un plano espiritual, nada mental ¿Dios somos nosotros? ¿Podemos convertirnos en Él? «De la esclava a la loba, ha matado a Dios como carga y se ha erigido en Diosa». Esta frase me sigue intrigando mucho.

¡Lo siento, no me siento esclava, creo que tal vez sumisa o complaciente y definitivamente loba!

—Tienes una fascinación por la belleza y las cualidades del color. Mi asociación, insuficiente, no nos bastará para comprender el efecto de la luz sobre tu psique. ¿Qué ves en esos mundos oníricos y extrasensoriales que pintas?

—Pinto lo que la vida me provoca «creo que despedazada». Ciudades heladas, encarceladas. Humanos, guerras, políticas mal aplicadas, sensualidad, erotismo de vivir… energía girando en el cosmos. A muchos pintores les resulta incomprensible cómo puedo hacer trazos enormes sin haber dibujado antes. El movimiento no pensado, y la velocidad de mi brazo, va creando lo que siento. No pienso siquiera en el tono a utilizar, dejando que el pincel se pose en cualquier color. No me interesa hacer una obra para que la vean los demás, si no, que necesito conocer el más allá de la técnica preconcebida de cómo pintar acuarela, por ejemplo. Creo que es una especie escapatoria de las reglas establecidas. Esas reglas hacen que jamás se encuentre un estilo propio. El mío es mi salvaje forma de sentir.

La belleza para mí es la intensidad que vibra en toda estética. Nada es feo-solo insólito, o realmente espectacular y sublime como un atardecer en la cima de una montaña. La belleza es imprescindible para alcanzar la mejor forma de sentir la vida y ¡vivir! También en poesía la siento. La luz como ente, es algo que descompone y arrasa cualquier pensamiento prejuicioso y pueden ser pocos minutos los necesarios para hacer una obra que de pensar se multiplicaría por días. Para mí es fácil «utilizar mi espíritu» lo difícil es dejarme llevar por la parte racional.

—Tus libros El perfil de los perros, Pui-Mic, Dragoste y los finales y los sueños, (Yrha y Luna, caminos cruzados), etcétera. El amor, el enfrentamiento entre el bien y el mal, la filosofía, la mitología griega como un hilo conductor para establecer reivindicaciones de género. Dicen que todos los escritores escriben siempre el mismo libro. Cambian en circunstancia y tiempo, pero siempre en la misma búsqueda. Y a fuerza de nuevas respuestas para las mismas preguntas, de escribirte, de decirte una y otra vez, ¿es tu caso?

—Yo creo que en mí hay una necesidad imperiosa de conocer todas las sensaciones posibles y vitales para tener sentido, vivir. ¿Se siente o se necesita experimentar la propia existencia? Yo necesito experimentar.

Cuando era niña, preguntaba continuamente, ya que todo era misterio, enigma, fuerza y nadie me decía porqué.

¿Tú sabes cómo soy?, preguntaba incluso a desconocidos.  Parece ser que me sentía frustrada y buscaba saber, conocer. Tenía crisis muy duras de abandono familiar, así que siempre busqué y experimenté todo aquello que no conocía, en soledad.

¿Siempre la misma búsqueda? Posiblemente, hasta que me puse a escribir contándome mis propios pensamientos como en Dragoste después Los finales y los sueños, impactó en mí el final de siglo que se confundía con el final del mundo o la caída de lo que hasta entonces se había creado como ciencia o políticamente, y me parecía ridículo, solo veía que íbamos cada vez más enfilados a lo banal.

La guerra de los Balcanes, el comunismo y de ahí, Pui-mic… fue escrita como respuesta a una de aquellas preguntas existenciales que había tenido siempre sobre la libertad y el amor. Qué contarte de ese diario. Jamás pensé que podía contestarme la vida de aquella manera, que me sirvió para experimentar y conocer a través de mi misma cómo la libertad es relativa y quizás sea una invención quimérica, que no existiese en realidad…

Cómo pude hacer en Yrha y Luna Caminos cruzados que Dios y Mefistófeles compitiesen para hacerme ver lo que yo quería saber sobre el amor trascendental de siglos atrás hasta nuestros días, y por primera vez sentir la presencia diabólica sin sentirme mal. Todo lo ancestral vino hacia mí de repente, a darme a conocer otra belleza, otra necesidad de pasar por el mal para encontrar el bien. Quizás fue mi vida oculta que no me importó escribir y dejar que los demás leyeran. Claro que busqué a mis amigos ancestrales a través del amor. Y surgieron amantes ancestrales, hasta llegar a los actuales mundos, de amantes extranjeros con gran sentido de la estética de los tiempos y las vidas siempre duras que habían vivido, al igual que yo los que me ayudaron a saber mucho más de mí.

Creo que la energía que somos prevalece…

—¿Alguna vez te has autocensurado?

—¡Me cuesta mucho hacerlo! No puedo. No lo hago en la escritura y la poesía, tampoco en la pintura. Comunicándome con los demás oralmente menos aún, aunque a veces interiormente me esté escuchando sabiendo que no me entienden o «meto la pata». Es quizás lo peor del ser humano autocensurarse. Es una tragedia increíble porque no se evoluciona y se muere sin saber qué es la vida a través de uno mismo.

—¿Cómo hacerles frente a esos pequeños grupos de «literatos» que normalmente se forman en las ciudades y se apropian del mensaje y de los espacios, esos que se resisten ante el cambio y las apuestas, los llamados expertos?

—Pues, en el fondo me entristecen, ya que realmente están llenos de prejuicios, son incapaces de sentir la creación, el poder de la imaginación. En realidad, ahora he descubierto que en el fondo no son capaces de sentir el vértigo apasionante de estos valores en el interior de sí mismos y frivolizan. Está siendo muy dañino este proceder, cercenando sin piedad una ideología muy positiva para las sociedades del futuro, ya que son capaces de hundir ideales y valores. Creo sin duda que están aniquilando sin piedad los derechos humanos.

¿Cómo hacerles frente?

Mientras los intereses mercantilistas sigan gozando protegidos de las malas artes que anulan la cultura, debemos seguir siendo honestos y no dándole importancia se les hace frente. Una dura labor, pero más gratificante que la de ellos.

—«Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que sea la libertad nuestra propia sustancia» —decía Simone de Beauvoir—. ¿En estos tiempos de conflictividad y caos, pero también de reivindicaciones que —en algunos casos— se utilizan para arrastrar a la ideologización del rebaño, sigues conservando la autonomía?

—Lo mismo digo una barbaridad, pero no creo en la reivindicación, al menos exigirles a los demás a través de la política. Sí, creo que ser uno mismo es algo mucho más positivo; deconstruirse y reconstruirse, ser, sobre lo aprendido y mejorarlo de continuo, y no caer en prejuicios y falsas vanidades. Pienso esto cuesta el doble trabajo, y tal vez por eso la moda de reivindicar algo que ya ha existido a lo largo de los siglos esté siendo utilizada para manejar los rebaños

Creo que sí sigo conservando la autonomía. Cada vez más porque ya no me importa estar sola en mi vida cotidiana o mis proyectos. A veces pienso que conozco a muchas personas, pero pocos se preocupan de mis sensaciones o de cómo soy. La sociedad es exactamente igual en un porcentaje muy alto. Nada parece genuino y las personas menos… me resultan muy aburridos los grupos, siempre he sido ajena a ellos. Me ha encantado vivir tantos años gestionando un centro de idiomas, cientos de personas del mundo, venían, me dejaban una huella y se marchaban. Energía humana en movimiento y uno a uno… últimamente eso dejó de existir… ahora si se reivindica algo tiene que ser en grupo, pocos se atreven a reivindicarse a sí mismos, su criterio, su voluntad… hoy creo que los humanos rebaños son mucho más numerosos. Indudablemente a mí misma me exijo culturizarme y hacer que las sociedades entiendan que toda reivindicación pasa por hacer sociedades más cultas y creativas, ¿cómo hemos llegado a la mediocridad extrema generalizada?, solo a través de la verdadera necesidad de ser comprometidos sin modernismos fraudulentos.

—Recientemente han mudado la sede de la Araña Editorial al barrio del Carmen. Si hay un distrito que concentra todo lo que Valencia representa, ese es el barrio del Carmen.  ¿Cómo lo has interiorizado?

—¡Sintiendo de verdad el hogar de las artes, mi hogar!

Todos los credos, nacionalidades y las historias de siglos.

Experiencia para la experiencia y creo que aquí se puede vislumbrar la libertad de expresión. ¡Qué mejor me podía suceder a mis años!

—En una entrevista que diste en 2015 a la escritora mexicana, Carolina Chávez Rodríguez, decías: «Está claro que siempre he sentido la necesidad de justicia, verdad, por eso siempre he tratado de orientar mis proyectos a la necesidad de entrega y beneficios humanistas».

He conocido a dos Julias, una espiritual y valedora de los más grandes conceptos de compromiso con la justicia y la equidad… Y a otra transgresora, una outsider en la acción y en las letras. ¿Cómo es la interacción de estas «dos partes» que confluyen entre sí?

—A veces salvaje, captando la intensidad de la naturaleza y sus valores desde una profunda sensibilidad. Es algo sobrenatural y espiritual, otras la impotencia más terrible porque no se concibe cómo se ha llegado a unas sociedades basadas en el poder corrupto, la ambición política, corrupción incluso social, las guerras. Por otro lado, creo que me ha ayudado mucho ser empresaria en el centro de idiomas… y la editorial. Confluir con humanos de tantas nacionalidades ha sido vital. Para mí es fácil, simplemente es dejarse llevar como péndulo del tiempo y el espacio.

—¿Cuál de tus libros es el preferido? ¿No por su profundidad en el tema sino por tu relación con él?

—Todos han abierto puertas hacia lugares que necesitaba conocer, experimentar y habitar, tanto intelectualmente como personal. Ellos, han sido aventuras programadas por la misma vida. A todos les estoy muy agradecida.

—Al recordar Salamanca, más allá de tu infancia, ¿qué te viene a la mente?

—Un choque frontal muy duro en la adolescencia. Recuerdo cientos de rejas… las iglesias, las catedrales, los conventos de clausura, edificaciones militares, la universidad… pensaba de continuo qué habría detrás de la oscuridad de aquellas rejas. No me gustó… no concebía que el agua saliese de una fuente que encontré en una calle. ¿Por qué? ¿Para qué? Mi espíritu se hizo melancólico, no era capaz de confrontar la naturaleza con aquellas calles llenas de siglos construidas por inmensas piedras rosadas, solo después de unos años pude conocer la cultura, la lectura, los grandes poetas y los libros incluso prohibidos que nos traían clandestinamente de las librerías… el amor y los primeros besos y encuentros juveniles en la bellísima Plaza Mayor… casarme… Nada que ver con la magia de mis montañas, pero a la vez conocer un mensaje de siglos que dejaron los sabios se complementaron.

¡La Salamanca del saber!

—¿A qué lugar te gustaría ir que de momento no hayas ido?

—A uno en el que nada que existiese lo hubiera visto conocido antes. Que todo fuese nuevo y único… Puro… Supongo que solo existirá en el más allá.

—Ante una sociedad que vuelve al prejuicio, se aísla, que antes del confinamiento ya se autoconfinaba para estructurar con métodos de cálculo formas artísticas, adoptando de forma consciente o inconsciente «sistemas Inteligentes» que se hacen cargo de sus procesos mentales, o la tan recurrente lectura, reemplazada por combinatorias de imágenes, ¿cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

—Habitar las artes, la música, la cultura general, la historia, suprimir el ego, practicar el amor, la bondad, ser felices… buscar el absoluto de la belleza… ¿Más? Volver a los rituales ancestrales…

¡Sonreír! Y cuidar más a los niños, futuras generaciones… Dejar que los humanos puedan ser longevos y mueran de muerte natural. Necesitamos de estos extremos humanos. Pureza y sabiduría.

—¿A qué genio elegirías para que te incluyera en alguna de sus obras como personaje o de algún otro modo?

—Alejandro Magno… Sí, ojalá hubiera viajado con él.

—¿Qué deduces de las distintas idiosincrasias de países que representan a los creativos al evidenciar sus experiencias, relatos y testimonios, después de tantos proyectos elaborados? También te quería preguntar sobre México. Viendo tu trabajo, leyendo entrevistas, es evidente que México ha sido importante para ti.

—Que es un regalo majestuoso de la vida. Compartir experiencias de tal calibre es una bendición del cielo. Nada comparable. ¿México?  Creo haber nacido en él, en otra vida. Lo cuento en Yrha y luna, caminos cruzados. ¡Sin palabras!

—¿Estás trabajando en algún libro?

—Sí, una novela, pero la editaré con seudónimo masculino. Jajaja. Es una novela negra. ¿Será otra venganza hacia mí misma?

—El pensamiento intelectual, lleno de cortes epistemológicos se impone sobre los modelos de acceso argumental, ¿crees que este fenómeno es compatible con los tiempos actuales, con esa fragmentación de la que hablábamos?

—Es curioso que últimamente para definirme cuando se habla de mí, como intelectual y yo creo que no lo soy. Yo creo que, debido a la suerte de conocer a tantas personas, religiones, profesiones o caracteres culturales de todo el mundo, da para pensar que he estudiado historia, filosofía, ciencia… y no, en realidad he vivido experiencias notables muy profundas. En muchos momentos en conversaciones o intentando vender un libro siento que no me comprenden, antes me sentía frustrada, ahora procuro moderarme, no autocensurarme, ojalá pudiese encontrar círculos creativos en los que discutir sin pelear, hablar profundamente e indagar escuchando a gente sabia.

¡Me encanta la filosofía, cuando el editor de mis primeros libros, me decía que era la poeta de la duda, quise saber por qué me lo decía, y busqué en los libros y encontré a Ludwig Wittgenstein ¡y me fascinó! Y entonces escribí El Bosque de la Duda. Quizás no sea un gran libro, pero para mí fue un descubrimiento poder recibir el mensaje de un hombre que desarrollaba la búsqueda de la certeza. La ciencia igualmente me gusta, la física o la metafísica… las matemáticas nunca las entendí… ahora me fascinan y estoy recibiendo más información cósmica o intuitiva a través de los números.

¡No sé si es compatible esta forma de ser con lo que expreso, y tu pregunta, todo es tan caótico! ¡Recompongamos el caos!

—Muchos expertos consideran al Caos la única entidad existente originalmente, y que las deidades posteriores necesariamente debieron surgir de él. ¿Cómo reordenar ese elemento tan profundo y misterioso?

—¡Ves, esta pregunta contesta a la anterior! Exactamente pienso desde siempre que lo que expresan los expertos sobre el CAOS es la realidad.

Reordenar el caos es muy sencillo. ¡Paciencia y ser uno mismo!

Aunque surjan miles de catarsis.

—¿Qué viaje, qué momento, qué lugar recuerdas con mayor nostalgia o cariño?

—Muchos. Atardeceres en soledad o acompañada, incluso de mi perrita Coco… En una vida hay muchos momentos mágicos que recuerdo. Los viajes mentales también. En mi juventud los viajes por Europa del Este… ¿Nostalgia?

Tengo pensado repetirlos para no sentirla.

¿Con cariño? Mi niñez.

—Descríbenos tu mundo imaginario.

—Uissss ¡secreto! Siempre «la imaginación en el poder».



Julia De la Rúa es una escritora, poeta y acuarelista salmantina, que vive desde hace años en Valencia. Considerada una de las artistas plásticas más interesantes de hoy en día. Sus acuarelas, con colores libres y sueltos, son —como ha dicho el profesor de literatura y lengua francesa Rachid El Marjani— una interactividad continua entre lo vivido, su vida y los demás, lo real y lo imaginativo, lo artístico y lo creativo. Como escritora, se caracteriza por la libertad en la expresión de los temas y su trasgresión a la hora de fusionar los géneros literarios clásicos.

A finales de los años 70 comienza en el mundo de la edición y la imprenta. Primero en la Editorial Rubio Esteban, donde, desde su departamento de reprografía, editaba e imprimía textos, libros, manuales y demás publicaciones para la Universidad de Valencia, la Universidad Jaime I de Castellón, la Universidad de Murcia y la Universidad Politécnica de Valencia.

En 1987 fundó el International Lenguage Center, un centro cultural dedicado a la enseñanza de idiomas, dirección de empresa y didáctica. Desde esa plataforma dedicada a sus alumnos y a las nuevas generaciones, Julia De la Rúa lideró la proyección social del arte en la ciudad de Valencia. Como escritora y artista plástica, ha trabajado —y sigue trabajando— por la difusión de las artes y la literatura, tanto las suyas —sus poemarios, sus acuarelas— como las de los demás. Por eso, en 1999 obtuvo el reconocimiento y la entrega de una mención de honor por su labor cultural y de fomento al arte del grupo «Alba y Camino. Colectivo poético literario musical Internacional» de Madrid.

Julia De la Rúa también ha colaborado con diversas revistas culturales (Alba poesía, Camino literatura, El Jardín, etc.), en blog poéticos y pictóricos o con el grupo de música étnica, de teatro El baúl.

Junto con la labor del creativo Enrique De la Rúa, hasta la actualidad han editado más de 300 títulos de novela, poesía, relatos, diarios, etc.

Araña Editorial es más que una empresa de publicaciones, más que una oportunidad para los jóvenes o incipientes escritores, pues incluye dentro de sus actividades exposiciones de pintura nacionales e internacionales y proyectos solidarios, entre ellos el Tesoro de las semillas, y la canción con música de Santiago Jara…

Libros de Julia de la Rua ▫ FBAraña Editorial 
pedidos@aranyaeditorial.com ▫ Obra literaria y pictórica, reseñas.

 


Juan Carlos Vásquez, Valencia, Venezuela. Ha participado en volúmenes colectivos y antologías en México, Chile, Perú, Estados Unidos, y España. Formó parte del grupo cultural Spanic Attack (Nueva York, 2004); The Hall (Miami, 2001) y del proyecto literario y artístico Mirages from an Unreal World by Laura Orvieto, Author house (New Jersey, 2010). Es autor del libro de relatos Pedazos de familia (Ediciones Estival, 2000). Actualmente trabaja paralelamente en dos libros de narrativa:  Invulnerables y Ward's island. Obtuvo distinciones en los Concursos de poesía pro lingüístico y multimedia Premio Nosside (Calabria, Italia), ediciones 2005 y 2006. Finalista del concurso de microrrelato «Guka» Buenos Aires, 2018. Vásquez se trasladó a la Florida en 1999. Desde entonces ha vivido en Tampa, San Francisco, Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos y España. e-mail: jcvasquezf@gmail.com

Entrevista publicada al igual en la revista madrileña Almiar-Margen Cero.

Foto de portada, Julia de la Rúa, monumento a Adares, escritor de Salamanca.


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