noviembre 30, 2013

ENTREVISTA CON SUSANA MEDINA POR JUAN CARLOS VÁSQUEZ


© Derek Ogbourne

“Estoy escribiendo sobre el azar, el caos, el silencio, el sonido, el trauma, las sombras, sobre convertirse en un ciborg”. 



Nacida en Hampshire (Reino Unido), de padre español y madre alemana de origen checo, crece en Valencia y desde el año 1989 vive en Londres. Con una prosa que por su eficacia, por su amplitud nos renueva. Susana Medina pasa a formar parte hoy en día de los pocos escritores que violentaron la fuente por una evolución constante. Expectativas como un misterio donde es necesario rasgar de todos los pedazos el bocado más apetecible. Lidiar con la experiencia en su ironía insoslayable y salir airoso con las reflexiones más profundas e inusitadas. Susana Medina que esta próxima a publicar con la prestigiosa editorial Dalkey Archive, Best European Fiction, 2014, representando a España, nos da la oportunidad de conocer más de su obra, de su vida, en una entrevista. Diciembre 2013.


noviembre 26, 2013

INGEBORG BACHMANN






INGEBORG BACHMANN, ERRANTE ESCURRIDIZA
Viaje romano hacia la muerte


Ninguna ciudad más visitada que Roma, al extremo de convertir su recorrido en un reto para el arte, perfeccionado durante el Renacimiento. Y es que la Edad Media sólo fue pródiga en peregrinos. 
En ocasión del Jubileo 2000, Alejandro Oliveros ha preparado para Verbigracia cuatro crónicas de viajes cuyos protagonistas optaron por hacer de la capital de Italia un espacio para la vida y la muerte. La primera de estas historias es la de Ingeborg Bachmann, poeta austríaca -"la más inteligente"- que allí encontrase "su tierra primogénita" y el mejor lugar para morir


En un hospital romano ha muerto 
el poeta más inteligente e importante 
que nuestro país ha producido en este siglo
Th. Bernhard




La culminación del Jubileo de 1950, el gran Año Santo decretado por Pío XII, tuvo lugar durante el mes de noviembre. Más de 150.000 personas compartieron el espacio de plaza San Pedro para ser testigos de la proclamación del dogma de la Asunción de la Virgen. El renovado prestigio de la madre de Cristo se consolidará en 1954, con la consagración del Año Mariano (Roma, la città del Papa. Al cuidado de Luigi Fiorani y Adriano Prosperi. Annali 16. Giulio Einaudi Editore, 2000). En 1953, alejado de todo probable misticismo, moría en Moscú Josef Stalin. Su muerte fue lamentada a nivel planetario. En Roma, el flemático Palmiro Togliatti se refería al jefe soviético en términos épicos: "…un gigante del pensamiento, un gigante de la acción… Desaparece el hombre. Se apaga la mente del pensador intrépido. Termina la vida heroica del combatiente victorioso. Su causa triunfa. Su causa triunfará en todo el mundo", etcétera. A pesar de la elocuencia de Togliatti, no era precisamente una mayoría la que compartía sus convicciones en Italia. Lo contrario.

La década de los cincuenta es la década del "sorpasso". El "milagro" económico que cerraba para buena parte de la población el penoso episodio de la posguerra. Un nuevo bienestar comienza a sentirse en las grandes ciudades industrializadas. El entusiasmo será expresado por Vittorio Gasmann en películas como Il sorpasso. En Roma, el "miracolo" se observa en los establecimientos de via Venetto. La "dolce vita" se extiende, amparada en la complacencia de la Democracia Cristiana frente a las exigencias del Departamento de Estado. De nuevo, viajeros y turistas recorren las calles y monumentos de la Ciudad Eterna. Lo mismo escritores y artistas. Y cineastas. Todo está preparado para que el genio de Fellini, un visitante llegado de Rimini, transforme a via Venetto en la gran metáfora de aquella década "milagrosa". La luz dorada de Roma se hace blanca en esas noches marcadas para siempre por la exuberancia de Anita Ekberg y el entusiasmo de "vitellone" de Marcello.

Nuevos locales, bares, cafés, restaurantes, son abiertos y los viejos son restaurados y rebautizados. El exclusivo "Open Gate" se convierte en "Victor". Siempre en via Venetto, se inaugura el "Caffè de Paris", diseñado por Franco Borsi, y que será la sede de la imaginaria "Universidad Libre Mario Pannuzio", entre cuyos "docentes" se encontraban Indro Montanelli y Eugenio Scalfaro, compañero fraterno de Calvino en el liceo. Ungaretti, por su parte, cubierto de lanas, incluso en verano, prefiere acomodarse a cierta distancia, entre las mesitas del "Caffè Stregha". Por esos años, en 1955 exactamente,Pasolini publica su Las cenizas de Gramsci. Roma no se detiene a pensar en las eventuales consecuencias del "olvido del Ser" o en las posibilidades, a nivel metafísico, de una existencia "absurda". Roma, más que nunca, es la ciudad para vivir, "rica, feliz, corrupta y desesperada" (M. Mafei). Son los "años de goma", como se les llamará más tarde. No obstante, algunos de los invitados al convite creen percibir, detrás de las risas, el rictus que modela toda tragedia. Los "años de plomo" esperaban en una de las esquinas del recorrido obligado. En el cruce de via Venetto con via Ludovisi, por ejemplo. La austríacaIngeborg Bachmann era uno de esos participantes, uno que había observado, con precisión de profeta, la cercanía relativa del desastre:

Vienen días más duros.
El tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.
Pronto tendrás que amarrarte los zapatos
y enviar los perros de vuelta…
Las vísceras de los peces
se han enfriado al viento
y arde pobremente la luz de las palmeras.
Tu mirada rastrea la niebla:
el tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.
Vienen días más duros.

Hace muchos años que via Venetto dejó de ser el espacio mágico de La dolce vita. Los "años de plomo" la envejecieron prematuramente. Las actividades de los "Brigadisti Rossi" convirtieron en riesgo la vida de cafés y el deambular nocturno. Nada ha sido igual en Italia desde el descubrimiento desafortunado del cadáver de Aldo Moro en la maleta de un carro. Algo de fantasmagórico envuelve el trazado vial que se extiende de "Porta Capuana" a "Piazza Barberini". Sin embargo, cada vez que apresuro los sedientos pasos hacia la barra del "Harry's Bar", puedo escuchar las voces del lejano convite, las cornetas permanentes de los Alfas y Lancias, empeñados en justificar su presencia en el mundo de la manera más ruidosa. Me llegan los gritos y susurros sesentistas y, en una de las mesas del "Doney", distingo la sonrisa alucinada de la bellaIngeborg Bachmann en una de las escalas de sus ininterrumpidos viajes, del Seconal al Nembutal y de allí al apartamento de via Giulia.




El cielo en la ciudad
A mediados de 1954 llegaba a Roma Ingeborg Bachmann. Doctora en Filosofía con una tesis sobre Martin Heidegger, varias narraciones publicadas en revistas, algunas obras de teatro para radio. Y, fundamentalmente, un libro de poesías que le valió una portada en Der Spiegel, El tiempo recobrado. En Roma, Bachmann se encarga de la corresponsalía del Westdeutschen Allgemeinen, con el seudónimo de "Ruth Keller". La escogencia de otro nombre para sus colaboraciones habla más de su personalidad que los cientos de artículos que han tratado de descifrarla. Un apellido hebreo para esta austríaca católica de asegurada sangre "aria". Así será siempre. En su vida y en su literatura. Cuando, como lector, creo haberla precisado en alguno de sus poemas o novelas, se me escapa de las manos con la agilidad de una anguila. Como uno de los hombres que mejor la conoció, Max Frisch se refiere a esta peregrina habilidad para escurrirse y desaparecer. La desesperación de Frisch no es muy distinta a la que he sentido durante años de reiteradas lecturas:

Comprendo que no quiero vivir sin ella. "Roma non risponde", no logro entender que no pueda localizarla durante toda una noche, ni tampoco de día. "Roma non risponde". Puedo imaginar toda clase de motivos… Hay algo que agota mi paciencia y es aquella pausa sonora hasta que de nuevo llega la misma voz: "Roma non risponde" …¿No habrá recibido mis cartas? La quiero, la amo. "Roma non risponde…".

Desde temprano, Ingeborg Bachmann se atrinchera en uno de los cafés devia Venetto, para ver de "dónde salen las calles de Roma, esa entrada triunfal del cielo en la ciudad". Con ella, en la misma mesa del "Doney", los alemanes y austríacos que llegaban a purificar sus culpas en el espacio mediterráneo. Entre otros, Toni Kinlechmer, Marie Luise Kaschnitz, Hermann Kesten yGustav René Hocke. Para la Bachmann, Roma va a ser algo más que una residencia prolongada. Si toda vida tiene dos polos y cada existencia dos paisajes, Roma será para Bachmann uno de ellos. Su "Tierra primogénita", dirá en un poema. La "Mirabilia Urbis" es la ciudad más abierta, pero también la más secreta. Los que lo saben todo, apenas saben eso. Que no es mucho en Roma. Bachmann conoció no pocos de los secretos de la vieja capital. Incluyendo el más terrible de ellos: la sensación o, mejor dicho, la certeza de que Roma es la mejor ciudad para morir.

El nomadismo "anguilar" de la autora de El tiempo postergado no se agotó con el traslado a Roma. Lejos de eso. Durante años de intermitentes residencias, se desplazó por una docena de direcciones. Sólo conozco algunas. Apenas llegada a la urbe, se refugió en la tranquilidad de Palazzo Ossoli, Piazza della Quercia, N0 1. Aquí no duró mucho. Luego, serán via Vecchiarelli N0 38;via Giulia N0 102, donde vivió con Frisch; via de Notaris N0 1; via Bocca di Leone N0 60, hasta via Giulia N0 66, donde las llamas la esperaban para agotar, entre los humos, aquella errancia brillante y torturada. En "Curriculum Vitae", uno de los grandes poemas del alemán moderno, se había referido a su condición:

En una época obligada
se debe huir de una luz a otra,
de un país a otro. Bajo el arcoiris,
la brújula apunta al corazón.
Ahora la vista del paisaje. Desde
las montañas se ven los lagos; en los lagos
las montañas mientras en las nubes doblan
las campanas del único mundo. Saber de qué mundo
se trata, está prohibido para mí.

De Valencia a Roma
Lo primero que leí de Ingeborg Bachmann fueron unos poemas en una perdida antología de poesía alemana editada en Buenos Aires por Sudamericana. Eso fue en Valencia, hacia 1968, durante mi tercer año en la carrera de Medicina. No creo recordar cuáles eran los textos escogidos. Sí recuerdo que me parecieron oscuros y brillantes. Extraños y distintos. Algo me recordaba al Rilke de Nuevos Poemas. Aunque ahora no creo que la relación resista demasiado. Pero la impresión se mantiene. Me parecieron oscuros. Pero antes que alejarme, aquel hermetismo me cautivó para siempre. No es que ahora los entienda mejor. Lo que quiero decir es que en pocas ocasiones le he sido tan fiel a un poeta. A sus imágenes, a su estilo, a su música. Y, no menos, a su vida. Al lado de la Bachmann, veo en mi biblioteca las fotos de Pound yLowell, Pasternak y Ajmátova, William Carlos Williams y Antonio Machado.

Después de aquellos poemas iniciales, fueron lecturas dispersas en traducciones más o menos desafortunadas. Y un día me enteré de que Ingeborg Bachmann también escribía novelas y cuentos. Como aquel "Ojos dichosos", con la protagonista, Miranda, siempre extraviando los anteojos y siempre buscándolos. Hasta que alguien me dijo: "Miranda no puede encontrar sus anteojos sencillamente porque sin ellos no ve nada. Tú no sabes lo que es eso porque no los usas". Pero "Ojos dichosos" es una metáfora. Una alegoría del desamparo de la mujer ante la visión "20/20" de lo masculino. Al final, Miranda, según recuerdo, es abandonada, mientras buscaba sus dichosos lentes.

Desde hace unos años han venido apareciendo en castellano los distintos libros de la Bachmann. En 1999, Hiperión dio a conocer una cuidada edición deUltimos poemas. Y ya en 1991, Cátedra había hecho lo propio con El tiempo postergado. En inglés, Charles Simic escribió la introducción a los Poemas completos en la versión al inglés. En italiano, la editorial E/S se encargó de editar Invocación a la Osa Mayor, que es la que leo ahora, mientras camino lentamente desde la iglesia San Giovanni Battista dei Fiorentini hasta el N0 66 de via Giulia, donde las llamas alcanzaron a la bella Ingeborg durante la noche romana del 17 de octubre de 1976. Su indeclinable pasión por la ciudad del Tíber la expresó en el hermoso "Imagen nocturna de Roma":

Cuando el columpio secuestra las siete
colinas,
también hacia arriba se desliza,
abrazada y cargando con nosotros,
el agua sombría,

sumergida en el lodo del río,
hasta que los peces
se reúnen en nuestro regazo.
Entonces, cuando es el turno,
también nosotros nos alejamos.

Las colinas se hunden
y nosotros subimos y compartimos
cada pez con la noche.

Nadie salta, 
es así: sólo el amor de otro
nos eleva.

Christa Wolf, hablando de la Bachmann, habla de la "milagrosa existencia de Roma". No otra cosa percibió la gran poeta durante sus largos años en la ciudad. Es lo mismo que sentimos cuando caminamos la oscuridad, desde el Panteón hasta Teatro Pompeyo: "Las colinas se hunden / y nosotros subimos y compartimos / cada pez con la noche".

Alejandro Oliveros. Ensayista y poeta



Despedida


La carne, que envejeció muy bien conmigo, 
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía, 
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante, 
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas, 
y todo sobre la rígida musculatura.

No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche, 
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.

Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.



Niños de Julio

Por nuestros propios medios nonatos,
mis niños de julio, las monstruosidades
que se mueven con el pie mutilado, no lo sabemos,
que agitan el muñón, no lo sabemos,
y la cabeza perdida.
Por nuestros propios medios, 
perdiendo la cabeza,
mis queridos niños
nada les habría podido enseñar
pero bien alimentados les habría hecho
enamorarse de lo otro, del viento en el aire
Unos miles de ellos en Julio
habría sido siempre Julio
monstruos alimentados
desde mi ternura 
que es lo que buscáis vosotros, espectros etéreos 
Transformadores del mundo, vosotros me
lo habríais cambiado el mundo 
y cambiármelo hasta la muerte por cariño
hasta la muerte para algo otro
Viento en el aire el papel jironeado
que se desgarra, antes que alguno pueda 
leer lo que ha sucedido 
como se os ha arrancado
de mí, se ha desgarrado el jirón de
papel que no puede sin embargo leer aun nadie.




La noche de los perdidos.
El final del amor


Una luna, un cielo
y el mar obscuro.
Tan sólo eso, y todo obscuro. 
Tan sólo eso, porque es de noche.
Y nada humano
entreteje además esa acción efectiva, 
Que me reprochas también tú 
y semejante amargura
No lo hagas. 
Nada mejor hay que yo pudiera conocer
sino amarte, nunca
pensé,
que a través del sudor de la piel
se me haría presente 
el […] mundo.



[Sin título]


Observad, amigos ¡acaso no lo veis!
que no lo he sobrevivido ni menos resistido, no lo veis,
que voy hacia adentro, que 
para aquél de ahí yo voy hablando por dentro, que
me repliego y desdeño
mi cabello, que embolso mis manos
retiro mi palabra, no lo veis, 
observad,

que me marcho, que voy
cayendo, que me entrego,

y grito, porque los locos
buscan tanteando a sus protectores, como
yo a mi guarda.



[Sin título]


Qué difícil es perdonar,
un trabajo muy lento y muy arduo, 
del que sola me he ocupado
durante ya muchos años.

El odio me ha enfermado,
me siento deformada, estos abscesos
me prohíben incluso mostrarme 
junto a los hombres.

Sólo sé que yo 
no puedo odiar más de este modo
ni desear tu muerte, 
la cual tampoco deseo,
ni cumpliría yo por mi mano,

He aprendido que la mía
ha de amar a sus enemigos, y
esto es tan simple, pues si no cómo
podrían luego mis enemigos
hacerme más de un mal. 
Si se extravía una bala, 
si alguien me escupe en a cara, 
como ayer, no me guardo pensamientos 
contra el amor que me ha sido dado.

Tengo miedo ante el amor 
que me has infundido tú, 
con la intención más cruel. 
Totalmente ajada de cortantes ácidos,
venenos de todo tipo, por el opio,
aturdida por completo en mi destrucción.
Puesto que ya no vivo más en ti, 
y muerta me encuentro ya, donde estoy. 
Lo que cuentan y persisten son las cúpulas
comen dos veces al día, satisfacen 
luego sus necesidades, e
imploran por los medicamentos, 
que me han de sumir en un largo sueño.


FUENTE: VERBIGRACIA





noviembre 22, 2013

HANNI OSSOTT (1946-2002) NO TODO POETA SUICIDA CONSIGUE SUICIDARSE.

Hanni Ossott, fue una poeta venezolana. Nació en Caracas y se licenció por la Universidad Central de Venezuela, de dónde también fue profesora. Recibió los Premios Nacionales de Poesía Ramos Sucre y Lazo Martí. Tradujo a poetas como Rainer Maria Rilke y Emily Dickinson, que tuvieron una decisiva influencia en su obra. Fue también crítica de arte y publicó varios libros de ensayos. Quedó huérfana de madre cuando sólo tenía tres años de edad (pérdida que despertó en ella una gran sensibilidad y una fuerte devoción espiritual. Entre sus publicaciones podemos mencionar los títulos Hasta que llegue el día y huyan las sombras, El reino donde la noche se abre,Plegarias y penumbras, Cielo, tu arco grande, Casa de agua y de sombras y El circo rotoObtuvo los Premios Nacionales de Poesía José Antonio Ramos Sucre y Lazo Martí y, en 1988, fue galardonada con el Premio Nacional de Poesía otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC). Hanni Ossott falleció el 31 de diciembre de 2002 tras pasar varios años recluída en una casa de reposo.




Poema #508.

hablemos en blanco
hablemos perdiendo los signos
repitamos el primer y último acto
de ser devueltos
en la cópula mínima
del polvo
en la luz


Poema #413
La mordida profunda

Hay una mordida profunda
incisiva
en el centro de mi sexo
por la cual yo me erijo como yo misma
y soy,
y poseo y dono.

Regalo mi cuerpo y mi ansia.

Hay una mordida en mí
que doblega al otro
lo arrodilla, lo inclina.

Por esa mordida se abre un vasto mar de vacíos
vértigos
precipitaciones
abismos.

Me cruza una pendiente
me traza un precipicio
en el amor… y en todas mis 
secretas junturas
con cuido, con recelo, tú te avienes a mí
y no me sabes.
El circo roto

-Toda vida es un drama
Rafael Cadenas (en una conversación)


He muerto
he trascendido la muerte
he trascendido la vida
más allá de mí no queda nada
sólo rastrojos
penas

La fiesta se ha apagado
las luces del teatro ya no existen
estoy en la nada
del circo no queda sino un traje raído
cansado
descolorido.




600. Una playa sin fin



A Valentin Flamerich Ossott,
por los poemas que quiere escribir


Sí, habría que escribirlo así, elevado, devoto, casi total
si fuese posible, un gran poema.
Pero hay interrupciones, los ruidos de la casa,
la respiración del marido. El gato.

Y allí entraría sobre todo el mar
convulso él, alto, encrespado
golpeando playa y costa, insaciable
y el ardor, los cangrejos, siempre arrepentidos.
La culpa. Lo echado a perder, las cosas rotas.
Ese gran poema que lo contuviera todo.
Los vientos. La melancolía. El arrastre.
Las largas noches. Una enumeración de estados.
Fiebres. Calores.
Y habría miradas que cruzan palabras para detenerlas.
Ojos fijos, casi silentes, propios.
Hablaría de la mentira
la casi insostenible mentira, al ras.
Expresaría lo imposible, instalado en el centro del corazón
como esperanza.
El poema podría ser como un fluir de aguas
en torno a un centro improbable.
Estarían allí los árboles, los amantes, las fuentes,
Dios, la respiración, la sangre, los libros, las muñecas,
las estrellas.

Habría que escribirlo así, abrazado a una totalidad
que se borra en la muerte
como si todo se desvaneciera y se creara
eternamente.

Habría que decir que en él late la pasión
una sangre bullente, una efervescencia.

Un poema fuego
honra a algún dios
honra de un lar de la casa, de un resquicio
atento a la tensión de la calidez.

Si se pudiera, si se pudiera escribir
el poema innumerable
el único, el entero
tenso, vibrante
el atravesado por la gravedad y la divinidad
el zanjado por el horror.

Pero el gato nos ocupa
la cocina nos llama
la solicitud nos distrae.

También irían allí atravesadas las calles, los hombres
las pugnas, las separaciones
y <los pájaros que nos hablan en griego> cuando enloquecemos
de tanto no entender.

Por ello daríamos un salto al infinito. Por ello, el poema.
Si llegase.
Y si llega, viene con él la dicha de ver
la felicidad de contar todos los números del universo
las funciones, los espectáculos
las rarezas, las individualidades
si llegase
la totalidad inundaría mi alma.
Lo absoluto invadiría.
Un dios se haría en nosotros.
Estoy ahora en una playa sin fin. Soy estrella y musgo
Me encrespo.

El poema ha llegado de mi carencia, de mi pobreza.


Mosaico de recuerdos en torno a Hanni Ossott


Judit Gerendas


Conocí a Hanni a finales de los sesenta, cuando ambas eramos estudiantes de Letras. Ella entró a primer año –entonces la carrera no era por semestres y tenía una duración de cuatro años- cuando yo cursaba el tercero. Poco tiempo después, en 1969, se produjo esa gran eclosión que constituyó la Renovación universitaria, la cual conmocionó a la Universidad Central de Venezuela y tuvo en Letras uno de sus bastiones centrales. Los del primer año aportaron quizás el mayor grado de creatividad, dentro de una Escuela tremendamente formal y académica.
La Renovación fue una fiesta, que en parte logró sus objetivos, pero luego el proceso, cuando iba a iniciarse la revisión más profunda de las estructuras universitarias, se quebró, debido al allanamiento y la intervención llevados a cabo en 1971 por Caldera.
Recuerdo la luminosa figura de Hanni participando en la Renovación, serena y apasionada, tímida y llena de coraje. Era una de las más jóvenes, una niña casi. Delgada, grácil, muy bella, permanecía sentada escuchando en silencio, la cabeza inclinada a un lado, seguramente ya figurando infinitos. Luego intervenía, concisa, breve, tajante, segura de sí misma.
Después, años más tarde, fuimos ambas profesoras de Letras, nuestra Escuela. Las circunstancias habían cambiado y nos encontramos en bandos enfrentados vehementemente, intensamente. El Área III, del cual era ella una de las profesoras más brillantes, se oponía al Área II, en el cual yo ocupaba un lugar significativo. Dicho de una forma más razonable, sin las etiquetas que tanto daño hicieron, ella dictaba las materias Necesidades Expresivas, Poesía y Poetas y Literatura y Vida. Las mías eran Teoría de la Literatura y Crítica e Investigación Literaria. A pesar del fragor de la confrontación, Hanni y yo nunca tuvimos ni el más leve enfrentamiento, nos respetábamos y nos apreciábamos, aunque teníamos posiciones radicalmente diferentes en cuanto a la literatura y en cuanto a la vida. Pero creo que coincidíamos en un punto de integridad, de honestidad, que nos permitía no llevar esas divergencias al terreno de lo humano.
A finales de los años setenta asistí a la defensa que hizo Hanni de su primer Trabajo de Ascenso. Habló con su voz melodiosa, modulada, como formulando un poema o entonando un canto, sugestiva, apasionada, dura en sus apreciaciones. Luego del acto le pedí prestado un ejemplar y, después de leerlo, le dije lo mucho que me había gustado. Me miró con sus ojos asombrados y me preguntó, sorprendida: -¿de verdad? Yo le dije, de verdad, claro que sí, si no no lo diría. Ella se alegró, de verdad, se sorprendió de verdad, porque era humilde, como todo ser realmente grande, y altiva, como todo creador que se siente segura de lo que hace. Ese ensayo se publicó luego con el título deMemoria en ausencia de imagen/Memoria del cuerpo.
Coincidimos también durante varios años en el Consejo de la Escuela de Letras, ella como Jefa del Departamento de Disciplinas Literarias y luego como representante profesoral, yo como Jefa del Departamento de Teoría de la Literatura. Ella poco hablaba, ya había comenzado su proceso de ensimismamiento. Cuando terminaban esas horribles y maratónicas sesiones, generalmente nos íbamos juntas hasta el estacionamiento, ella, la profesora Vilma Vargas y yo. Pronto Vilma y yo nos dimos cuenta de que al acercarnos a esa zona del campo universitario llamada Tierra de Nadie, Hanni se ponía a temblar y entraba en un estado de gran angustia. Desde entonces nos cuidamos siempre de acompañarla y dábamos un rodeo para no pasar por el lugar que desencadenaba en ella semejante reacción. Sólo mucho después, cuando leí sus poemas, comprendí, conmovida, lo que podía simbolizar para ella ese espacio.
Luego, años después, se agravó, no pudo seguir dando clases. Pero añoraba la docencia, no podía vivir sin ella, así como amaba la literatura y tampoco podía vivir en su ausencia. En un momento en que creímos que estaba un poco mejor, siendo yo directora de la Escuela, en 1994, abrimos un curso sin créditos para que ella lo dictara. Sus alumnos de siempre, que la amaban, se inscribieron, pero ya ella no era ella, ya no era capaz de sostener el discurso al que estaban acostumbrados y el curso naufragó, inexorablemente.
No quisiera recordar la última vez que la vi. Fue en la misma época, yo seguía siendo directora, y ella estaba en una clínica, agonizando. Vi a alguien en esa cama a quien no conocí, a una anciana desvencijada, en posición fetal, sumergida en el letargo que antecede a la muerte. No supe qué hacía yo ahí, no había comunicación posible con ella. Torpemente me despedí de los familiares y huí del lugar. Igual de miserable me sentí, más o menos en la misma época, cuando fui a visitar a Ida Gramcko, quien se estaba muriendo en terapia intensiva, y a quien ni siquiera vi, ahí sólo había una puerta cerrada y no había ni familiares, de manera que de mi huida de ahí no hubo testigos, de mi pavor tampoco.
Ida murió a los pocos días. Pero Hanni, espectacularmente, se recuperó. Su organismo no era el de una anciana, era todavía joven y robusto y resistió, se negó a morir.
Después, ya sólo supe de ella por terceros, hasta que, hace algunos años, me leí toda su poesía, una y otra vez, y descubrí la sostenida e inmisericorde exploración de su propio dolor, su capacidad de poetizar una calidad atemporal del tiempo, su mostrar espacios amenazantes carentes de fronteras, su asedio a la forma, al cuerpo, su trágica imposibilidad de alcanzar lo inalcanzable. Conmovida, admirada, escribí dos artículos, “Espacios en la poesía de Hanni Ossott” (Ateneo, Los Teques, Nº 15, 2001) y “Canto y muerte” (Verbigracia, 11 de enero de 2003), relativos a su obra, una de las más densas y bellas de la literatura venezolana. - LA CASA AZULADA -



LAS PASTILLAS
A los médicos psiquiatras


Una pastilla
dos pastillas
tres pastillas
seis pastillas
Dayamineral
Carbonato de Litio
Haldol
Neubión
Oranvit
Rivotril 2 mg
¿y el médico?


Deambulando por ahí... ahí como en la Luna
Sin saber de la verdadera enfermedad.

La enfermedad es el vivir
la única
La enfermedad es el cuerpo
y las pastillas no sirven de mucho

Sólo sirve el alma
haciendo cuerpo
y el cuerpo haciendo alma

¡Fuera el Lexotanil!
Ciao bambino...


Hanni Ossott
Desde mi experiencia en Londres 1980
hasta los actuales momentos
Caracas, 1993




Otras fuentes: Trazos de la memoria - Samara - Panfleto negro. Wikipedia- Desvarios - Aporrea- El rapto existencial en la poesía de Hanni Ossott - Gente emergente, Voces de siempre - Panfleto negro

Cita del titulo "No todo poeta suicida consigue suicidarse" Miguel Marcotrigiano" de Ocurre diario blogspot





BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE POR JAVIER ÚBEDA IBÁÑEZ


RESEÑA LITERARIA

Herman Melville (Nueva York, 1819-1891). Este escritor, considerado uno de los novelistas más importantes de la literatura estadounidense, nació en el seno de una familia acomodada. No obstante, pudo disfrutar poco de esta bonanza económica, ya que su desarrollo personal coincidió justo con la quiebra financiera de sus progenitores y la muerte de su padre acaecida en 1832. Esta serie de infortunios le obligaron a desempeñar diversos trabajos: a la edad de 12 años, por ejemplo, trabajó como copista en el Banco Estatal de Nueva York (experiencia que sin duda le valdría a la hora de crear este relato breve que hoy nos ocupa de Bartleby, el escribiente), y también desempeñaría otros oficios variopintos como granjero, oficinista o maestro. No obstante, un espíritu inquieto como era el suyo hizo que en 1841 se enrolara en el barco ballenero “Acushnet”, que partía con destino a los mares del Sur. Su experiencia como marino sería la base de su primera novela Typee (1846), que narra su estancia en las islas Marquesas con descripciones pormenorizadas de aquel bello lugar y sus habitantes, y que introduce ya un tono revisionista acerca del concepto del “Salvaje” en la línea del “buen salvaje” de Rousseau, dado que siempre intentará mostrar las similitudes que él mismo comparte con aquellos habitantes de la Polinesia, y, por otra parte, aprovechará para introducir comentarios acerca de la crueldad de las avanzadas civilizaciones occidentales siempre que pueda.







Autor: Herman Melville

Edición y traducción: Eulalia Piñero

Editorial: Espasa Calpe

Colección: Austral Narrativa

Diseño de cubierta: Joaquín Gallego

Depósito legal: M. 22.372-2007
ISBN: 978-84-670-2586-6
Páginas: 110







Su primera novela gozó de buena acogida por un público que se mostraba deseoso de conocer nuevas culturas, esto hizo que el autor siguiera en esta misma línea al escribir su segunda novela, ambientada esta vez en Tahití: Amoo: narración de las aventuras de los mares del Sur (1847), que lo confirmaría en sus grandes dotes como narrador.

Por otra parte, su experiencia en 1843 como arponero a bordo del ballenero “Charles and Henry” será plasmada en su novela Chaqueta blanca (1850), y, cómo no, será el sustrato de una de las más famosas y conocidas de sus novelas, toda una alegoría sobre el Mal, nos referimos a: Moby Dick (1851). Con esta obra y también con la anterior, Mardi (1849), Melville se introduce en el estudio de la naturaleza humana y en la indagación de los conceptos del bien y del mal, algo que no dejará de ser una constante ya en toda su obra, y que tendrá también un aspecto crucial en Bartleby, el escribiente, la obra de la que hablaremos ahora con más profundidad.

Otras novelas, pero ya consideradas menores por la crítica, son: Pierre (1852); The Piazza Thales (1856); The Confidence-Man: His Masquerade (1857); aparte nos dejó en el género de la poesía: Batle-Pieces and Aspects of the War (1866) o Clarel: A Poem and Pilmigrage in the Holy Land (1876). Por último, solo nos quedaría por decir que después de su muerte aún se descubrió un texto inédito suyo: el manuscrito de su relato Billy Bud.

Respecto a Bartleby, el escribiente, se pueden decir muchas cosas, ya que es mucho lo que aporta no sólo al panorama literario sino también al filosófico e intelectual de su época y también de las posteriores.

Comenzaremos diciendo que este cuento se publicó de forma anónima en dos entregas: una tuvo lugar el 1 de noviembre, y la otra el 2 de diciembre de 1853 en la revista Putnam’s Monthly Magazine, consiguiendo enseguida un reconocimiento unánime de crítica y público. Con posterioridad pasaría a formar parte de su libro The Piazza Tales (1856). Y ya más cerca de nuestra época esta pieza sería adaptada al cine por Crispin Glover en el año 2001.

La importancia de este texto estriba sobre todo en su carácter enigmático, ambiguo, nihilista, ya que está considerado como un digno precursor de dos tendencias posteriores: la literatura existencialista (recordemos si no la frase “Me es indiferente” del protagonista de El extranjero de Albert Camus) y de la literatura del absurdo (con obras de la relevancia de la pieza teatral Esperando a Godot de Samuel Beckett). También podríamos definirlo como un texto nulo o vacío (inscrito también dentro de los escritores llamados del no o de los artistas del silencio), puesto que es capaz de crear un espacio vacío que el lector ha de llenar con sus propios pensamientos e interpretaciones. Y este es uno de sus grandes logros.

Para ello, todo es sencillo, una estructura sencilla, una trama sencilla, y en general pocos datos, solo los suficientes y necesarios para que nos situemos en la historia, espacialmente, en una oficina de Wall Street en la que cada trabajador desempeña su labor en una especie de cubículo, y en la que Bartleby no tiene ni siquiera vistas ya que su ventana da a una pared de ladrillos; temporalmente, tenemos una mirada retrospectiva del narrador y un espacio temporal relativamente corto, el escaso tiempo en que Bartleby trabajó en su despacho, y luego, pocos datos más, de hecho, no sabemos ni el nombre del abogado ni el nombre de verdad de sus tres empleados, ya que el abogado los identifica mediante tres simples apodos relacionados con la comida: Turkey (pavo); Nippers (tenazas) y Ginger Nut (nuez de jengibre). Aquí tenemos ya quizá una llamada de atención del autor que nos quiere hacer ver que el protagonista y, en general, la sociedad solo se preocupa de cubrir las necesidades básicas y a veces ni eso como son comer y beber; en cuanto al protagonista nos dice el narrador que solo se alimenta de bizcochos de jengibre, queso y migas… al estilo quizá de los ratoncitos con los que guarda cierta similitud también cuando corre a refugiarse en su cubículo de trabajo ante cualquier problema.

La atmósfera que consigue crear con todo esto el autor es enrarecida, agobiante, de desesperanza total, y consigue transmitirnos verdadero desasosiego y malestar, aunque a veces se encuentre suavizado o tamizado con alguna pincelada humorística como cuando tanto el abogado como sus empleados empiezan a utilizar todos con mayor frecuencia el verbo “Preferir” por contagio con Bartleby, que está continuamente utilizándolo en su famosa frase “Preferiría no hacerlo”.

Se trata de un estudio perturbador e inquietante sobre la conducta humana que tiene pendiente en todo momento al lector que asiste atónito a este pulso que se produce entre un jefe mediocre (al que solo le preocupa haber alcanzado cierta posición social) y un empleado también mediocre, perfectos ambos para mostrarnos hasta qué altas cotas de incomprensión, incomunicación y alienación se puede llegar en una sociedad excesivamente mecanizada y deshumanizada como era la del autor y que también supo criticar la película de Tiempos Modernos de Charles Chaplin, pero que sería perfectamente extrapolable también a la nuestra.

Tampoco podrá dejarse de preguntar quien lee, como lo hace el protagonista, cómo uno podría llegar hasta ese punto… en principio, se podría pensar que por rebeldía o arrogancia o que era una medida de resistencia pasiva… pero, como ya hemos visto, es más bien todo lo contrario, ya que en Bartleby hay una falta evidente de objetivos e interés, un darle todo igual, un vacío de voluntad que nos llega algunos momentos a exasperar y otros a conmover o a dar pena, el abogado nos dice al final del libro que le ha llegado un rumor referente a Bartleby y es que antes de trabajar para él estuvo empleado en la Oficina de Cartas Muertas, era el responsable de clasificar aquellas cartas que no iban a llegar nunca a ningún destino porque sus destinatarios estaban muertos, con eso quizá está dicho ya todo.



Javier Úbeda Ibáñez, escritor, crítico literario y miembro del proyecto REMES (Red Mundial de Escritores en Español). Nació en Jatiel (Teruel, España), en 1952. Y reside actualmente en la ciudad de Zaragoza (España).  Es autor del conocido libro de relatos breves y poemas Senderos de palabras (Pasionporloslibros. Valencia, 2011) y de los cuentos Daniel no quiere hacerse mayor (Pasionporloslibros. Valencia, 2011) y La Elegida (Pasionporloslibros. Valencia, 2012). 

Ha publicado numerosos artículos de opinión tanto en prensa digital como en prensa escrita. Algunos de los títulos más significativos han sido: “La educación: significado y objetivos”; “Paternidad responsable y responsabilidad educativa”; “La función educativa del Estado”; “La valoración del conformismo ambiental”; “Reflexiones sobre la democracia”; “Libertad y responsabilidad en la información”; “La iniciativa privada” o “Reflexiones sobre la libertad”. 

Además, es autor de numerosas reseñas literarias, relatos cortos y poemas, que han ido viendo la luz en importantes revistas de España como Almiar, Ariadna-RC, Culturamas, Fábula (de la Universidad de La Rioja), Horizonte de Letras, La Sombra (de lo que fuimos), LetrasTRL, Literaturas.com, Luke, Magazine Siglo XXI, Narrador, Narrativas, OtroLunes, Palabras Diversas o Pluma y Tintero… y también en revistas del extranjero como Gaceta Virtual, Letras en el andén, Liter-aria, Literarte, Poeta (todas ellas de Argentina) o Cinosargo (Chile), Herederos del kaos (EE.UU.), La ira de Morfeo (Chile, Argentina y Brasil), Letralia (Venezuela), Ombligo (México), Red y acción (Colombia), Resonancias.org (Francia), Letras Uruguay o Palabras (ambas de Uruguay), entre otras muchas.





noviembre 17, 2013

EDGAR LEE MASTER


13image by juan carlos vasquez
Hijo de abogados,  vivio  en  Lewistown, Illinois, en una zona del Medio Oeste que reaparecería constantemente en su poesía. Primero trabajó como cobrador de energía eléctrica, y luego viajó a Chicago, donde ingresó en el bufete de Kickham Scanlan en 1893. Se casó dos veces; en 1898 con Helen M. Jenkins, hija de un abogado, de la que tuvo tres hijos. En 1911 abrió su propio bufete, tras tres años agitados (1908-1911) a causa de una relación extraconyugal y una disputa con el abogado Clarence Darrow, del que era socio. Dos de sus hijos siguieron sus huellas; su hija Marcia se dedicó a la poesía, y su hijo Hilary Masters se hizo novelista.
TRADUCCIÓN POR  SPOON RIVER ANTHOLOGY, 
Wilfredo Carrizales



LA COLINA

¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
El débil de voluntad, el fuerte de brazo, el payaso, el borrachín, el luchador?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.

Uno murió de una fiebre,
Uno murió quemado en una mina,
Uno fue muerto en una pendencia,
Uno murió en una cárcel,
Uno cayó de un puente trabajando asiduamente para sus niños y esposa-
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.

¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Lizzie y Edith,
El tierno corazón, el alma simple, la ruidosa, la orgullosa, la feliz?
Todas, todas están durmiendo sobre la colina.

Una murió en un vergonzoso nacimiento de un niño,
Una de un frustrado amor, 
Una a manos de un bruto en un burdel,
Una de un orgullo roto, en la búsqueda del deseo del corazón;
Una después de vivir lejos en Londres y París
Había llevado a su pequeño espacio a Ella y Kate y Mag-
Todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.

¿Dónde están el Tío Isaac y Tía Emily,
Y el viejo Towny Kincaid y Sevigne Houghton,
Y Major Walker quien había conversado
Con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos están durmiendo sobre la colina.

Ellos les llevaron hijos muertos de la guerra,
E hijas cuyas vidas estaban aplastadas,
Y sus niños sin padres, llorando-
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo sobre la colina.

¿Dónde está el viejo Fiddler Jones
Quien jugó con la vida todos sus noventa años,
Arrostrando la cellisca con pecho desnudo,
Bebiendo, alborotando, no pensando en la esposa ni en los parientes,
Ni en el oro, ni en el amor, ni en el cielo?
¡He aquí! Él parlotea sobre pescados fritos por largo tiempo,
Sobre las carreras de caballos por largo tiempo en Clary Grove,
De lo que Abe Lincoln dijo
Una vez en Springfield.



ROBERT FULTON TANNER

Si un hombre pudo morder la mano gigante
Que lo atrapó y destruyó a él,
Como si yo estuviese mordido por una rata
Mientras demostraba mi potente trampa,
En mi quincalla aquel día.

Pero un hombre nunca puede vengarse él mismo
Del monstruo ogro vida.

Tú entras al cuarto en que está naciendo:
Y entonces tú debes vivir a fuerza de trabajo de tu alma,
A contracorriente en la vida
La cual Acarrea honor al muerto, quien vivió en la vergüenza.


CHASE HENRY

EN vida yo era el borrachín del pueblo;
Cuando morí el sacerdote rehusó enterrarme
En suelo sagrado.

Lo cual redundó en mi buena fortuna.
Para los Protestantes vendieron este lote,
Y enterraron mi cuerpo aquí,
Cerca de la tumba del banquero Nicholas,
Y de su esposa Priscila.

Tomen nota, prudentes y pías almas,
De la contracorriente en la vida
Que brinda honor al muerto, quien vivió en la vergüenza.







Su hermanastro Hardin escribió una biografía del padre. Conoció un éxito enorme su Antología de Spoon River (1915) y tras el escaso éxito de su poemario The New Spoon River (1924), abandonó definitivamente la profesión de abogado para dedicarse a la escritura, se divorció y se volvió a casar con una profesora, Ellen Coyne; se mudó a Nueva York y vivió una existencia huraña, sin volver a conocer más la fama literaria, aunque en su obra posterior hay títulos tan apreciables como la novelaVuelo nupcial y su autobiografía Across Spoon River (1936). En sus últimos años, amargado, renunció a trabajar recluso en el Hotel Chelsea de Nueva York, viviendo sólo de los préstamos de unos pocos amigos, entre ellos el escritor social Theodore Dreiser.

Lee Masters participó en el movimiento literario "Renacimiento de Chicago", combatió el belicismo imperial de Norteamérica -fue un crítico implacable, a finales del siglo XIX, de la guerra contra España en sus últimas colonias- y dio testimonio de una sociedad despiadadamente clasista; pero es sobre todo el célebre autor de Antología de Spoon River(1915), conjunto de 250 epitafios en forma del monólogo dramático, que ubica en un cementerio imaginario de un pueblo de su Illinois natal, escritos en verso libre y donde traza con lenguaje sencillo una radiografía de la América profunda, atacando sobre todo su aldeanismo, su estrechez de miras y su puritana hipocresía moral; también hay espacio en esos epitafios para los dramas íntimos y el fracaso del sueño americano, en medio de un pesimismo desolador; algunos de los personajes son reales, conocidos en su infancia, otros no; los monólogos se aluden a veces entre ellos, descubriendo otras historias enterradas; el libro empezó a componerse en 1913, inspirado por la lectura de la Antología Palatina. Vendió 19 ediciones en 1915 y en 1940 contaba ya con 70; fue, algo inaudito para un libro de poesía, un auténtico éxito de ventas y actualmente se considera un clásico de la poesía anglosajona, que incluso fue dramatizado y llevado a la escena en Broadway. En su época fue un toque de realismo frente a las experiencias vanguardistas. Otras obras suyas son The New Star Chamber and Other Essays, Songs and Satires, The Great Valley, The Spleen e Illinois Poems. En total, Masters ha publicado doce piezas teatrales, veintiún poemarios, seis novelas y seis biografías, entre ellas las de Abraham Lincoln, Mark Twain, Vachel Lindsay y Walt Whitman.



ADAMAR






LA POESÍA DE JUAN CARLOS VÁSQUEZ - SELECCIÓN -




Pocas veces un autor ha logrado antes plasmar con tanta crudeza el escepticismo del hombre contemporáneo como lo ha hecho el poeta venezolano Juan Carlos Vásquez. Sus versos configuran una poética del desencanto, describen un mundo “desangelado”, donde las pocas ilusiones que le quedaban al siglo XX se han transformado en las pesadillas del XXI. El poeta apela a lo autobiográfico –es mayoritariamente la suya una poesía del yo- para ilustrar con la primera persona del singular el nosotros general, sumido en las perplejidades del ahora, que es un tiempo amenazado no ya por las dolorosas reminiscencias del pasado o por el chantaje del porvenir, que proyecta su sombra sobre el presente prometiendo arruinarlo todo en cualquier momento; en la poesía de Vásquez el mal –que es un mal político (lo objetivo por antonomasia) y a la vez subjetivo- es parte de la esencia misma de ese ahora fatídico. Agudamente, el autor no se separa de eso que contempla, sino que se sabe inmerso en ello como parte constituyente y principal. Vásquez no condesciende a la lástima ni a un simple desasosiego; no tiene la mirada del observador omnisciente y separado, que contempla y juzga y que moraliza satisfecho. Tiene la visión de quien se sabe manchado por esas mismas lacras, por el hecho de ser contemporáneo y así, configura una metáfora general, aplicable a toda la especie: una crueldad en verso libre, tan bien lograda como poéticamente eficiente. En la poesía de Vásquez el mal –que es un mal político (lo objetivo por antonomasia) y a la vez subjetivo- es parte de la esencia misma de ese ahora fatídico. LUIS BENÍTEZ



ENTONCES, YO…

Esta es la mano
con sus dedos y con sus
uñas,
el esfuerzo flexionando,
la secuela 
que se hunde en el tiempo
imponiendo una sanción
por cada quiebre
de tinta.

Este no es el poema,
esta es la vida que me trajo 
al mundo,
lleno de huesos y de sangre.

Este no es el infierno,
es el deseo desfragmentando
las articulaciones
en un grado de calor de
un cuerpo en atmósfera.



ENSOÑACIONES

I

Y la música, y la rara letanía de 
los colores.

Algo avisa entre las cosas
con cada pigmento
y se hace un embrión
sin memoria.

Un nacimiento
encerrado en si mismo
que no puede entender
ni caminar.

II

Debajo,
donde hubo un intento
se dibuja un círculo
cerrando.

Aquel instante
en el que hace tanto
un mundo
cuanto se mueve.

Desde entonces
giramos sobre nuestro eje
soñando con volar.

IV

Entre todas estas
cosas reales o no reales
que hoy parecen ideas
se desdibuja el contorno,
la vivida narración
que busca algo que siempre
estuvo bajo nuestros ojos.



CON ALICIA AL PAIS DE LAS MARAVILLAS

Te invito a descolocar aun más tu centro
desde este efecto de desinhibición,
te voy a mostrar algo más allá del cannabis,
te invito a viajar en ti misma,
por donde las convenciones sociales son cementerios.

Hay una terapia que consiste
en dos cuerpos solos que arrastran
el universo con las uñas,
que afinan la contemplación entre
descargas orgásmicas.

Se enlazan todas las fibras que al
deshacerse mataron al amor
mezclando los fluidos.

Con una aguja en la lengua se dice te amo
y se cierra la boca para entrar al alma en forma
de espiral.

Te invito a ir más allá del resplandor y los sonidos,
de las palabras, de los cuerpos, del mar
donde tu corazón ejerce un efecto
sísmico y devasta el pasado,
donde las manos se vuelven cruces
y se encadenan se desencadenan,
se acaricia hasta ser huesos
formando la atracción de donde
nos desprendemos
de cada acto y de cada día,
de esta perturbadora y estupida
simetría y alzarnos,
repetirnos en excesos.


SANARME

¿Podrás encontrar en mi cráneo
ese quiebre, esos hilos de memoria?

¿Podrás entrar con tus dedos
y operar palabra por palabra,
re-armar un ser sin caídas 
y terminarlo antes de tiempo? 

¿Podrás atravesar con tus manos
el espacio, el muro inquebrantable
y grabar tus huellas,
para que salga un sueño, 
para desanudar la soga
oculta y hacer escaleras?

¿Podrás extraer mis parpados
cargados de velas y poner
el lenguaje de tu piel,
la tonalidad debajo
de esta esfera ruinosa
que es mi sombra,
y clamar sanado?

Bajo gasas y catetes
te esmeras y observo,
desde mi sala de voces
y torturas 
me absorbe tu distancia.


FORMAS

Al saltar, pensaría en volver,
cayendo.

Al caer,
un látigo partiría mi espina dorsal,
todo lo que fue vida tras una silueta
marcada con tiza.

¿Y si fuese un disparo?
el índice en la profundidad
sintiendo todo el peso,
esos espasmos como descargas 
de miedo para apagar
la luz en una noche de vísceras.

¿Y si fuesen sogas? 
el aire perdiéndose, los ojos saltando,
la sangre desviándose de la cabeza,
memorias, pintarse de rojo el rostro 
como en un carnaval.

Para el último viaje: 
rastreando con esfuerzo
la más frágil combinación
de nervios,
yéndose en un oleaje de
espasmos en las coordenadas
exactas.

Para el último viaje
la lengua serpenteando,
un químico en la falange,
las venas llenas
de vidrio viajando todo
el universo.

Para dormir soñando con vida
una noche sorda y oscura 
siempre llega masacrando 
un cuerpo lleno de amor.


LA FIESTA

En su esquina:
la silla,
el vino desatándose 
en forma de auxilio
para centrar un punto
y pensar mientras
se filtran mis pupilas,
para sucumbir al sonido
con los nervios rotos
y estallar de euforia.

Fiesta conmigo 
y amanezco sin rostro,
tras el latir del invierno
en júbilo secreto.

Todos los días con todos
los matices mi habitación
se inunda
y un reflejo de pirotecnias
me enceguece de esperanza...


UN PUNTO EN LA PARED

¿Por qué no hay estatuas de desentendidos?
del lugar donde no pasa nada,
es allí donde la vida es lo que es.

Sin gente que arregle las posiciones
la retina es la retina,
no hay nada destructivo en esos muertos,
que ven la pared sin salirse del punto.

Para destruir la esperanza
solo bastan palabras,
ellos ya no tienen oídos,
para complicar las razones
solo tener cordura,
ellos ya no tiene cordura,

s o l o 

v e n 

un

p u n t o 

e n 

l a 

p a r e d.



(LA PERSONA QUE NO SE ES)

Nos observa como pesadilla,
repite nuestro nombre
se afinca en nosotros,
lo hace sin cuidarse disponiendo
de todos nuestros secretos
y los exhibe
hasta hacer izquierdo lo 
derecho,
fatigar, volver a fatigar
y al centro
condensando el silencio
a tu figura.




Juan Carlos Vásquez  (Valencia, Venezuela, 1972). Autor del libro de relatos Pedazos de Familia (Estival teatro, Venezuela 2000). Otros textos han sido publicados en diversos volúmenes colectivos y antologías en Chile, México, Estados Unidos y España; asimismo en columnas periodísticas del Diario El Impulso (Barquisimeto, Venezuela). Integrante del grupo cultural Spanic Attack (New York 2004). Obtiene Distinciones en los Concursos de Poesía Pro lingüístico y Multimedia Premio Nosside (Calabria,Italia), Edizione 21/2005, Edizione 22/2006. Ha vivido en Tampa, FL, Nueva York, San Francisco (California)y la Coruña actualmente reside en Madrid . E MailFace- Twitter


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