Ellos reaccionaron al sonido de la puerta al abrirse. Otra vez sentían sus poderes regresar. El Padre se encontraba viéndolos desde el pasillo y dudaba en entrar. Ellos aprovecharon para expandirse fuera de la habitación, pero no pudieron avanzar mucho en ninguna dirección. El Padre finalmente cerró la puerta tras él y miró hacia el espejo que cubría una de las esquinas superiores de la habitación; el ángulo de reflexión le permitía ver la cama con la mujer amarrada.
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