“Rintrah ruge y sacude sus fuegos en el agobiante aire;Hambrientas nubes vagan sobre el abismo”
-William Blake, “Argumento”
De un azul matizado por la oscuridad era su pelaje. Su torso, cola y hombros eran recorridos por constelaciones, todas dibujadas con la tinta del cosmos. Y en su melena, el primer fuego alguna vez encendido había hallado a su igual, no por su color, sino por cómo ardía. Su pigmento era el de los antiguos mares en los que alguna vez se había visto reflejado.






