Se oyó una voz:
—Despacio ahora —con lo que Iago Lacross se arrancó de lo que estaba pensando. Su mente fue más rápida que su cara: se prendió de lo que la voz había dicho; mientras que sus ojos seguían sin ver, atentos a nada de
Lo vi por primera veza decenas de metros de distancia,entre centenares de miradas estudiantiles.Perdida, precipitaba mi paso, corría,tras de mí me tomaban los ojos de fuego.Los granos de arena sobra la
Atienda aquel que dijohallar dicha y sosiegoen un sueño beatífico y tranquilo;atienda a lo que digo y lo que creo.¿Sabes, nocturno amigo,a qué cosa en verdad llamamos sueño?Atiende, hermano mío,
Hace más de dos décadas, en las calles de Nueva York, tuve la suerte de conocer al escritor Milton Ordóñez. Nuestra primera conversación tuv...