En la tórrida hoguera arde una brujadesde la oscuridad del medioevo.En la fría mazmorra un tierno efebosodomita padece. Se dibujaen el rostro del Papa una sonrisatriunfante. La labor del Santo Oficiosustituye muy bien al ejerciciode Dios sobre la Tierra. Tiene prisapor preservar su vida algún herejede la investigación del Vaticanoy de sus herramientas de tortura.
«Inquisición», poema de Adrián Calderín Gutiérrez
Poemas para Alejandra Pizarnik: «Atacante Suicida», de Reyna Varela Labrador
Quien la vistiópara sus nupciascon el estallido,quien peinó sus cabellosy ajustó el pañueloa la usanza de las muchachas palestinasQuien ciñó el fatal cinturón,como fue el intercambio de miradas,y el nervioso roce de los dedos
'Sincretismo', relato de Wilson Alejandro Díaz
Ahora, en estas tierras vastas e inhóspitas donde el demonio que promulgan aquellos que son mas malvados que aquel a quien tanto temen, es donde nuestros caminos se hacen uno. Ahora, tras la aniquilación, el rapto y los vejámenes que solo seres ajenos a la naturaleza humana pueden perpetrar, podemos ver un nuevo horizonte donde todos estaremos en una misma linea y seremos uno en todo y todo en uno… ese es el Destino, los dioses lo han marcado así desde antes en los caracoles y los huesos. Así estaba escrito y así se hará…
'El culpable', relato de Keimer José Pájaro

Había pasado un año desde la muerte de Sonia Zapatero, y el mundo seguía su curso, como suele hacerlo, sin importar nada más que el ir en su tránsito agónico.
Hoy, aunque todo parecía haberse quedado en el pasado, por las voces del pueblo he vuelto a revivir el recuerdo del olor de su cuerpo en plena descomposición, y aquella caja rectangular donde fue sepultada, las manijas de bronce y el delicado color marrón de la madera.
«¿Quién persigue a Leopoldo Arriasgoiti?», cuento de Trinity G.
Nerviosa, la enfermera registró el nacimiento de Leopoldo Arriasgoiti, el bebé prematuro de Estela Rivereta, una mujer de Valtierra, Navarra, que a sus treinta y siete años ignoraba sus seis meses de embarazo, y que llevada de urgencia a la clínica por una hemorragia con tintes de muerte terminó pariendo gemelos. Primero salió uno y abrió la boca para llorar, pero no salió nada, pareciera que el cuerpo no recibió la señal para avivarse y murió pronto. Después sacaron al segundo que lloró a pulmón abierto, pero su llanto fue tan triste que sobrecogió al personal médico presente.
'La última cena', relato de Silvia Carus
Era el cumpleaños de mi suegra. Mi marido y mi hijo se había ido hacía ya tiempo a su casa. Yo había decidido quedarme un poco más a terminar de arreglar nuestro hogar. Me duché y me vestí adecuadamente para la ocasión y tras meter las llaves de mi coche en mi diminuto bolso, me dirigí a su encuentro.
«Domesticar», texto de María Susana López
Preparado para la caza.El criado limpia las botas de su patrón.El perro amaestrado, obedece a su amo,Trae la presa cazadaSumisa la fámula a las pretensiones,Prepara la mesa, como servil domestica.El patrón como fiel servidor a la sociedadSe somete a obediencia debida.
«Vacunagate: corrupción política en el Perú», artículo de Raúl Allain
El presidente de la Comisión Sectorial Investigadora de la Aplicación de la Vacuna Candidata contra la covid-19, Fernando Carbone Campoverde, explicó en rueda de prensa que en el margen de las 470 personas que recibieron la inoculación con la vacuna de Sinopharm, según la lista entregada por la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), 101 personas no formaban parte de los equipos de investigación.
"Un poema homenaje a Pizarnik, por Alejandra Planet"
Ven Alejandra,Que llega la noche a los solaresY te grita desesperada,Rompiendo los cristales de este mundo.Ven, ven, poeta ausente,Es tu noche amada la que clama,Tu lecho de palabras.Apura el paso frio de tus huesos llorosos,Que la guitarra perdió sus cuerdas
'El llanto de los Silenos', relato de Albo Aguasola
Alegoría de la vejez
Era la vida y se nos ha ido fauno, llegamos tristes y vencidos al epílogo de los años, hoy jadeantes y desparramados yacemos ante el ocaso, envueltos en la miseria absurda del miedo y del desengaño, ¿Te acordáis cuando éramos jóvenes? Tu fe corría risueña por los arbustos y los prados, en el delirio del hontanar se recreaba mi ímpetu, las ninfas y las libélulas se entretenían en los nenúfares, y tú les cantabas y yo las amaba, de tu lira salían sonetos, de mi virtud donaires, y enredados en el silfo, espíritu alegre de los aires, corríamos con nuestras amantes por los floridos valles.
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