Sigiloso llegó ante el Rey, pero al momento de pronunciar su discurso se sintió inhibido por su presencia. Su Majestad, con su larga capa blanca y su corona, se veía tan poderoso, tan arrogante, que tuvo temor de hablar en voz alta. Por lo tanto se acercó a otro súbdito de la corte y, casi susurrando, el Peón le dijo al oído:
—Señor Peón blanco, dígale a la Torre, que le comunique al Caballo, que le cuente al Alfil, que
