Te despiertas agitado. Esa maldita pesadilla volvió a atacarte esta noche. Te sientas al borde de la cama intentando recordar ese mal sueño. Buscas en el rincón más alejado de tu mente, el que te tienes prohibido tocar; bien sabes que si quieres terminar con esto debes adentrarte a ese lugar. Comienzas a introducirte en la zona oscura buscando respuesta, pero sólo ves al perro del vecino, al que le pasaste el auto encima. El pobre sabía demasiado, tenía que desaparecer, era un testigo.
«El retoño», debut literario de Gerardo Valdovinos Rodríguez en un relato
Un hombre de mediana edad camina tambaleante por el irregular terreno en el que se encuentra. El sol le quema los ojos y merma sus esperanzas; lo que busca es agua, sin embargo, de poco le valdrá encontrarla.
Viste un ajustado traje aislante, carga una mochila llena de cachivaches, un aparato que emite un zumbido incesante y marca en su pequeña pantalla infinidad de números amarillos.
Minicuento: «El lenguaje», por Costas Axelos
Siete habitantes de la Atlántida salen a pasear: un poeta, un pintor, un sacerdote, un bandido, un usurero, un enamorado y un pensador. Llegan a una gruta. “¡Qué lugar más propicio para la inspiración!”, exclama el poeta. “¡Qué espléndido tema para un cuadro!”, dice el pintor. “¡Qué rincón favorable para rezar!”, salmodia el sacerdote. “¡Qué ubicación soñada para un escondite”!, declara el bandido. “¡Es una soberbia caja fuerte!”, murmura el usurero. “¡Qué
«Yo también pensé en morir un día» y «Todo me recuerda a ti», dos poemas de Erick Diez
- Yo también pensé en morir un día-"Yo también pensé en morir un día,En dejar de lucharY que mi culo cayera en las veredasEntre el barro y la miseriaDe una existencia sin causa .Yo también -sabes-Pensaba en perderme en mis zapatosY en la suciedad de un cuarto oscuro
Minicuento: «La casa», de Juan Luis Henares
Acababa de colocar el último ladrillo en el tapial del patio. En el parque de entrada los pinos —que dejaban caer sus ramas sobre la piscina— se inclinaban al ritmo del viento. Bajo la tenue llovizna miró orgulloso la obra recién concluida: la lujosa mansión estaba lista para ser habitada por sus dueños. Se marchó con el sobre entre sus lastimadas manos.
Llegó a su hogar; el frío se colaba a través de los orificios de las
«Isla», un poema de Iliana Beatriz Carballosa
Se propone, qué dejar en la IslaLa ceniza de las naves quemadas por soldadosLos sudores de obreros luego de la forjaLa viña y los naranjos.Los bailes de circuncisiónLa rugosa mano del jefe de la tribuLos gritos de júbiloLas cráteras vacías, la hacienda asaltada por los antiguos pretendientesLa carne en holocaustoEl sabor de la derrota,
«EL fotógrafo», un cuento de Raquel Pietrobelli
Soy fotógrafo. Bueno… Era. Amaba mi trabajo.
Sé que ese es un trabajo especial, no es apto para cualquiera. Era para valientes.
Era fotógrafo de muertos.
Fotografías post mortem. Retratos de luto, que le dicen. Retratos en el llamado “Memento moriJulia Kadel” (recuerda que eres mortal).
Yo era consciente que era un trabajo difícil… Y algo mal visto. Pero alguien tenía que hacerlo. Tenía cierto renombre en mi
«Mucho más en contra» un poema de Rolando Reyes López
¿Dónde viven los hombres como yo?;cuando nací,vivían en la suavidad que prestó sus alaspara traerme a la vidacon una hermosura inédita,la que no puede exhibirse en festivalesni incluirse en el guion de series dramatizadas.No salí de las arenas limpias del Kollamni el Meenam tuvo que ver
«Miedo a los alacranes», un cuento de Everardo Gómez
Mi abuela me advirtió sobre regresar a ese lugar. Me miró con rigor, cuestionante, aguardando la respuesta a una pregunta que no fue pronunciada en ese momento pero que conozco de memoria. ¿Entendido? ¿Entendido? ¿Entendido? Asentí, naturalmente, con ríspidos movimientos de cabeza.
Uno se doblega ante la experiencia ajena de los años. Todo razonamiento propio se ve cuestionado al encontrarse con los pensamientos de una cabeza
«Mi ultimo cuento», por Carlos Latorre Gutierrez
Mi cumpleaños número 75 fue celebrado sin familiares, debido a la pandemia que estamos enfrentado y las cuarentenas, nadie fue invitado, algo extraño para mí ya que estoy acostumbrado a celebrarlo con familiares, amigos y vecinos, solo mi esposa Elena y yo, ella ha sido mi compañera por los últimos 43 años, puedo decir que he sido muy feliz con ella y porque no decirlo….aún estamos enamorados, siempre pensé que nuestra vejez llegaría sin grandes
Tres minicuentos de Costas Axelos
La muerte
Una vez un mandarín chino propuso esta medida al gobernador de una provincia, quien no tardó en adoptarla. En el momento en que la víctima debía posar la cabeza sobre el taco para que el verdugo se la pudiese cortar, un caballero engalanado llegaba al galope y exclamaba: ¡Deténganse! ¡El Sire ha concedido su gracia al condenado a muerte! En ese instante de euforia suprema, el verdugo
«Ella», un relato de José Alberto Capaverde
Ella estaba tan alta, que mis manos no la alcanzaban, y mis ojos se alegraban con verla, soñaba con poseerla, yo era un niño de ojos verdes y rulos rubios.
Ella sabía que era mi tesoro, y el motivo de mis desvelos, y hasta la causa de mis temblores nocturnos.
Ella cruzaba las piernas y mostraba un poco de su braga y como por arte de magia, convertía todo mi día en pura felicidad y plenitud.
Democracia y la destitución de gobierno
Los representantes de la bancada de oposición del Congreso de la República plantearon abiertamente la destitución del Presidente del Perú, José Pedro Castillo Terrones, tras asegurar que incurre en una causal de incapacidad moral permanente para gobernar y genera la inestabilidad política en el país.
En el artículo “Inestabilidad política y presidencialismo en el Perú” (https://tinyurl.com/msnha9pp) señalo: “El Consejo de Estado del
Posapocalíptico: tres relatos breves de Juan Carlos Vásquez
Lazos sanguíneos
Después de envenenar al padre, Yulian quiso contemplar su obra vanagloriándose frente a la abuela que, sumisa y consternada, veía a su yerno tirado en el suelo mientras el vientre y el pecho se le comprimían hasta morir.
La abuela en vez de infundir disciplina a su nieto le dejó realizar lo que más le gustaba: cantar, leer, cortarse los brazos y desempeñarse como «curador» en
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