"Ritos Funerarios", un poema bilingüe de Seamus Heaney: inglés/español".

Asumía una cierta hombría
al ofrecerme a levantar los ataúdes
de los parientes fallecidos.
Habían sido amortajados
en mancilladas estancias,
los párpados resplandecientes,
las manos blancas como el pan
trabadas por las cuentas de un rosario.
 
Los nudillos hinchados
se habían desarrugado, las uñas
estaban oscurecidas, las muñecas
obedientes miraban hacia abajo.

El sudario pardo como un alga,
las yacijas guateadas de raso:
me arrodillaba respetuosamente
a admirarlo todo
 
mientras la cera fundida
veteaba los cirios
y las llamas se cernían
hacia las cernidas mujeres
 
tras de mí.
Y siempre, en un rincón,
la tapa del ataúd,
las cabezas de los clavos rematadas

con pequeñas cruces relucientes.
Amadas máscaras de esteatita,
besar el iglú de sus frentes
tenía que bastar
 
antes de que hundieran los clavos
y el negro glaciar
de cada funeral
se alejara.

II
 
Ahora al recibir la noticia
de cada asesinato vecinal
añoramos la ceremonia,
los ritmos ancestrales:
 
los pasos comedidos
de un cortejo al desfilar
delante de cada hogar cegado.
Me gustaría restaurar
 
las cámaras de Boyne, preparar
un sepulcro debajo de las piedras
adornadas aquí y allá con cazoletas.
De callejuelas y vías laterales
 
se asoma el ronroneo
de la fila de coches familiares,
el país entero sintoniza
con el amortiguado redoblar
 
de diez mil motores.
Las mujeres sonámbulas,
que se quedan atrás, van y vienen
por cocinas vacías

imaginando nuestro lento triunfo
hacia los túmulos.
Silenciosa como una culebra
en el herboso bulevar,
 
la procesión arrastra la cola
por la Brecha del Norte
cuando su cabeza cruza ya
el umbral megalítico.

III
 
Cuando vuelvan a colocar
la losa sobre su entrada
volveremos al norte por los fiordos
de Strang y Carling,
 
disipado por fin el rumiar
de la memoria, el arbitraje
de la contienda aplacado,
imaginando a quienes descansan
 
bajo la colina como a Gunnar,
que yacía hermosamente
en el interior de su túmulo,
a pesar de haber muerto con violencia
 
y sin vengar.
Los hombres decían que cantaba
poemas sobre el honor
y que cuatro lámparas ardían
 
en las esquinas de la cámara:
que se abrió luego, mientras él
volvía su rostro jubiloso
hacia la luna.


"Funeral Rites"
 
I shouldered a kind of manhood
stepping in to lift the coffins
of dead relations.
They had been laid out
 
in tainted rooms,
their eyelids glistening,
their dough-white hands
shackled in rosary beads.
 
Their puffed knuckles
had unwrinkled, the nails
were darkened, the wrists
obediently sloped.
 
The dulse-brown shroud,
the quilted satin cribs:
I knelt courteously
admiring it all
 
as wax melted down
and veined the candles,
the flames hovering
to the women hovering
 
behind me.
And always, in a corner,
the coffin lid,
its nail-heads dressed
 
with little gleaming crosses.
Dear soapstone masks,
kissing their igloo brows
had to suffice
 
before the nails were sunk
and the black glacier
of each funeral
pushed away.

II
 
Now as news comes in
of each neighbourly murder
we pine for ceremony,
customary rhythms:
 
the temperate footsteps
of a cortège, winding past
each blinded home.
I would restore
 
the great chambers of Boyne,
prepare a sepulchre
under the cupmarked stones.
Out of side-streets and by-roads
 
purring family cars
nose into line,
the whole country tunes
to the muffled drumming
 
of ten thousand engines.
Somnambulant women,
left behind, move
through emptied kitchens
 
imagining our slow triumph
towards the mounds.
Quiet as a serpent
in its grassy boulevard,
 
the procession drags its tail
out of the Gap of the North
as its head already enters
the megalithic doorway.

III
 
When they have put the stone
back in its mouth
we will drive north again
past Strang and Carling fjords,
 
the cud of memory
allayed for once, arbitration
of the feud placated,
imagining those under the hill
 
disposed like Gunnar
who lay beautiful
inside his burial mound,
though dead by violence
 
and unavenged.
Men said that he was chanting
verses about honour
and that four lights burned
 
in corners of the chamber:
which opened then, as he turned
with a joyful face
to look at the moon.



Seamus Heaney /ˈʃeɪməs ˈhiːni/ (Condado de Derry, Irlanda del Norte, 13 de abril de 1939-Dublín, 30 de agosto de 2013) fue un poeta y profesor irlandés. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1995. El poeta estadounidense Robert Lowell lo describió como «el poeta irlandés más importante desde Yeats», y muchos otros, como el académico John Sutherland, han dicho que es «el poeta más grande de nuestra era»

Foto de Almada Studio: pexels-public domain.

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