'Los artículos de Combat, 1944-1947', textos pertenecientes a 'La noche de la verdad', de Albert Camus

21 de agosto de  1944. La lucha continúa...

Hoy, 21 de agosto, en el momento en que sale esta edición, está concluyendo la liberación de París. Tras cincuenta meses de ocupación, de combates y de sacrificios, París vuelve a nacer al sentimiento de libertad, pese a los disparos que, repentinamente, estallan en alguna esquina.
Pero sería peligroso empezar de nuevo a vivir con la ilusión de que la libertad que se le debe a todo individuo se le ha concedido sin esfuerzo ni dolor. 
La libertad se merece y se conquista. Es combatiendo contra el invasor y los traidores como las Fuerzas Francesas del Interior están restableciendo en nuestra tierra la República, inseparable de la libertad. Es combatiendo como la libertad y la República triunfarán.
La liberación de París no es sino una etapa en la liberación de Francia, y aquí hay que tomar la palabra «liberación» en su acepción más amplia. La lucha contra la Alemania nazi sigue adelante, y proseguirá sin desfallecer. Pero por más que sea la más dura de las luchas, en la que está movilizada toda Francia, no es la única que debemos llevar adelante.
No bastaría con volver a conquistar las apariencias de libertad con las que debía contentarse la Francia de 1939. Y no habríamos cumplido sino con una ínfima parte de nuestra tarea si la República francesa de mañana se hallase, al igual que la Tercera República, bajo la estricta dependencia del Dinero.
Sabemos que la lucha contra los poderes financieros fue por mucho tiempo uno de los temas favoritos de Pétain y de su equipo. Pero sabemos también que nunca sintió más el peso del Dinero nuestro pueblo que desde julio de 1940, es decir, desde la época en que, elevando a los traidores al poder, unió este de forma deliberada para conservar e incrementar sus privilegios, sus intereses, a los de Hitler.
No fue casual que viéramos sucederse en los consejos de ministros de Vichy a los Laval, los Bouthillier, los Baudouin, los Pucheu, los Le Roy Ladurie.
No fue casual que al frente de los principales comités llamados de «organización» colocaran a «organizadores» cuyas relaciones con el proletariado, en la mayoría de los casos, no habían sido nunca sino relaciones de amos y criados.
Mediante esta lucha que proseguimos, junto con los Aliados, contra los ejércitos hitlerianos, no tardará mucho en quedar todo el territorio francés completamente liberado. Pero nuestra libertad es a nosotros a quienes nos corresponde implantarla.
La lucha continúa.


21 DE AGOSTO DE
 1944
De la Resistencia a la Revolución

Han sido precisos cinco años de lucha obstinada y silenciosa para que un periódico, nacido del espíritu de resistencia, publicado sin interrupción salvando todos los peligros de la clandestinidad, pueda aparecer por fin a la luz del día en un París liberado de su vergüenza. Eso es algo que no es posible escribir sin emoción. Esta alegría emocionada que empezamos a leer en los rostros de los parisinos es también, y más aún quizá, la nuestra. Pero la tarea de los hombres de la Resistencia no ha concluido. Hubo el tiempo de aflicción, cuyo fin estamos viendo. Nos resulta fácil darle a la alegría el tiempo que le corresponde. Toma en nuestros corazones el lugar que durante cinco años ocupó la esperanza. También en esto seremos fieles. Pero el tiempo que llega ahora es el del esfuerzo en común. La tarea que nos espera es de tal envergadura y de tal magnitud que nos obliga a acallar el grito de nuestra alegría para pararnos a pensar en el destino de este país por el que tanto hemos luchado. En el primer día de su aparición pública, el propósito de los hombres de Combat
 es el de decir tan alto y tan claro como sea posible lo que cinco años de tozudez y de verdad les han enseñado acerca de la grandeza y de las debilidades de Francia.
Estos años no han sido en vano. Los franceses que entraron en ellos por el simple reflejo de un honor humillado salen con 
una ciencia superior que, en adelante, les hace situar por encima de todo la inteligencia, la valentía y la verdad del corazón humano. Y saben que estas exigencias, de apariencia tan general, les crean obligaciones cotidianas en el ámbito moral y político. En resumidas cuentas, en 1940 no tenían sino una fe; tienen una política, en el sentido noble de la palabra, en 1944. Empezaron por la resistencia, quieren acabar por la Revolución.
Lo que sabemos
No creemos ni en los principios elaborados de antemano ni en los planes teóricos. Será en los días por venir, con nuestros sucesivos artículos y con nuestros hechos, cuando definamos el contenido de esta palabra, «Revolución». Pero por el momento presta sentido a nuestro gusto por la energía y por el honor, a nuestra decisión de acabar con el espíritu de mediocridad y con los poderes financieros, con un estado social en que la clase dirigente traicionó todos sus deberes y careció a un tiempo de inteligencia y de corazón. Queremos llevar a cabo sin demora una auténtica democracia popular y obrera. En esa alianza, la democracia aportará los principios de la libertad y el pueblo, la fe y el valor, sin los que la libertad no es nada. Opinamos que cualquier política que se aparte de la clase obrera es vana. Francia será el día de mañana lo que sea su clase obrera.
Lo que queremos
He aquí por qué queremos conseguir que se pongan en marcha 
inmediatamente una Constitución en la que la libertad y la justicia recuperen todas sus garantías, las reformas estructurales en profundidad sin las que una política de libertad es un engaño, la destrucción inmisericorde de los trust y de los poderes financieros, la definición de una política exterior fundamentada en el honor y la fidelidad a todos nuestros aliados sin excepción. En el actual estado de cosas, esto se llama una Revolución. Es probable que pueda llevarse a cabo con orden y tranquilidad. Pero, fuere como fuere, tal es el coste para que Francia recupere ese rostro puro que hemos amado y defendido por encima de todo.
Muchas cosas en este mundo trastocado no dependen ya de nosotros. Pero nuestro honor, nuestra justicia, la felicidad de los más humildes de entre nosotros, todo eso nos pertenece como algo propio. Y será salvaguardando o creando esos valores mediante la destrucción sin flaqueza de instituciones y de clanes que se han entregado a la tarea de negarlos, y mediante el espíritu revolucionario nacido de la resistencia, como daremos al mundo y nos daremos a nosotros mismos la imagen y el ejemplo de una nación a salvo de sus peores errores, que surge de cinco años de humillaciones y de sacrificios con el juvenil rostro de la grandeza recuperada.


(Textos pertenecientes a «La noche de la verdad. Los artículos de Combat, 1944-1947», Albert Camus). Fragmentos. 


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