Acababa de colocar el último ladrillo en el tapial del patio. En el parque de entrada los pinos —que dejaban caer sus ramas sobre la piscina— se inclinaban al ritmo del viento. Bajo la tenue llovizna miró orgulloso la obra recién concluida: la lujosa mansión estaba lista para ser habitada por sus dueños. Se marchó con el sobre entre sus lastimadas manos.
Llegó a su hogar; el frío se colaba a través de los orificios de las