Ser envidiado es una forma solitaria de reafirmación que depende precisamente de no compartir la experiencia con quienes te envidian. Uno es observado con interés, pero no observa con interés, pues, de hacerlo, pasaría a ser menos envidiable. En este sentido, los envidiados son como burócratas: cuanto más impersonales son, más grande es su ilusión de poder (para sí o para otros). El poder del glamour reside en su supuesta felicidad; el poder del burócrata en su supuesta autoridad. Esto explica la mirada ausente, desenfocada, de tantas imágenes glamurosas. Miran por
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