Levrero, Lihn y Elit: Fragmentos desde la penumbra

En la oscuridad total, mis ojos buscaron una referencia y se volvieron a cerrar, sin haber encontrado las rayas horizontales, paralelas, que habitualmente dibujaba la luz eléctrica de la calle, o el sol, al filtrarse por entre las tablillas de la persiana. No me podía despertar; y aunque no recuerdo ninguna imagen, ningún sueño, pienso en mí mismo, ahora, como en un ser que vagaba sin rumbo, con los brazos colgando

flojos, sepultado en el fondo de una materia densa y oscura, sin ansiedad, sin identidad, sin pensamientos.

Mucho más tarde, la orden de despertar; y el ser comenzaba a moverse con un asomo de inquietud, como si buscara una salida que no conocía o que no recordaba.

La orden se hacía más apremiante, y con ella la comprensión de la necesidad imperiosa de salir; y hallaba el camino, hacia arriba, hacia una anhelada superficie. La materia tenía varias capas, que se hacían menos densas a medida que ascendía, y la velocidad de mi ascenso se aceleraba progresivamente. Me proyectaba en forma oblicua hacia la superficie; y, por fin, como un nadador que saca la cabeza fuera del agua y respira una ansiosa bocanada de aire, desperté con un profundo suspiro.

Fue entonces cuando mis ojos se abrieron y, desconcertados, volvieron a cerrarse. Mi sueño se hizo luego más liviano, hasta que volví a despertar, con una lucidez mayor.

Advertí varias cosas: que hacía frío, que ese lugar no era mi dormitorio, que estaba acostado sobre un piso de madera sin colchón ni cobijas, en una oscuridad total; y que tenía puesta la ropa de calle.

La lucha contra la pereza fue en esta ocasión necesariamente más breve que de costumbre; la incomodidad del piso desnudo no lo permitía. Me incorporé, gruñendo malhumorado, y mi queja fue acompañada por crujidos de las articulaciones. Me froté brazos y piernas y tosí; los bronquios silbaban al respirar el aire húmedo, y me dolía la garganta.

Mientras buscaba a tientas algún elemento conocido, se me plantearon las preguntas de rigor: dónde estaba, cómo había llegado allí.


*Fragmento perteneciente al capitulo 1 del libro "El lugar", de Mario Levrero...


Mario Levrero. Escritor, librero, fotógrafo, humorista, director de revistas de ingenio y de talleres literarios. Jorge Mario Varlotta Levrero publicó en 1970 su primera novela, La ciudad. No quiso firmarla con su nombre habitual: «Sabía que había algo ahí que me era ajeno, que Jorge Varlotta no podía escribir eso… Mi segundo nombre y mi segundo apellido fueron una solución perfecta». Sus dos novelas siguientes (El lugar, 1982; París, 1980), completan la llamada «Trilogía involuntaria», intensa aventura kafkiana nacida de su lado más inconsciente y nocturno. A mediados de los ochenta, instalado en Buenos Aires y atado a un trabajo rutinario que le permitía vivir con comodidad pero le impedía crear, confiesa su vergonzoso abandono de toda pretensión espiritual en «Diario de un canalla», anticipo de la técnica que usaría en El discurso vacío (1994) y La novela luminosa (2005), minuciosos y magistrales registros autobiográficos de su posterior experiencia en Colonia y Montevideo. Escritor de culto durante muchos años, sólo después de su muerte fue reconocido como uno de los grandes autores latinoamericanos. Caza de conejos, escrita en 1973, representa un salto liberador en la obra de Levrero: incorpora el humor que el autor prodigaba (protegido por varios seudónimos) en revistas satíricas de la época y borra los límites de sus fronteras creativas...



Enrique Lihn Carrasco
Enrique Lihn Carrasco 

MONÓLOGO DEL VIEJO CON LA MUERTE 

    Y bien, eso era todo.

    Aquí tiene la vida, mírese en ella como en un espejo,

    empáñela con su último suspiro.

    Éste es Ud. de niño, entre otros niños de su edad;

    ¿se reconocería a simple vista?

    Le han pegado en la cara, llora a lágrima viva,

    le han pegado en la cara.

    Allí está varios años después, con su abuelo

    frente al primer cadáver de su vida.

    Llora al viejo, parece que lo llora

    pero es más bien el miedo a lo desconocido.

    El vuelo de una mosca lo distrae.

    Y aquí vienen sus vicios, las pequeñas alegrías de un cuerpo reducido a su mínima expresión,

    quince años de carne miserable;

    y las virtudes, ciertamente, que luchan

    con gestos más vacíos que ellas mismas.

    Un gran amor, la perla de su barrio

    le roba el corazón alegremente

    para jugar con él a la pelota. El seminario, entonces,

    le han pegado en la cara. Ud. pone la otra;

    pero Dios dura poco, los tiempos han cambiado

    y helo aquí cometiendo una herejía.

    Véase en ese trance, eso era todo:

    asesinar a un muerto que le grita: no existo.

    Existen Marx y el diablo.

    Recuerde, ése es Ud. a los treinta años;

    no ha podido casarse

    con su mujer, con la mujer de otro.

    Vive en un subterráneo, en una cripta

    de lo que se le ofrece, sin oficio,

    esqueléticamente, como un santo.

    Del otro mundo viene ciertas noches

    a visitarlo el padre de su padre:

    —Vuelve sobre tus pasos, hijo mío, renuncia

    al paraíso rojo que te chupa la sangre.

    Total, si el mundo cambia a cañonazos,

    antes que nada morirán los muertos.

    Piensa en ti mismo, instala tu pequeño negocio.

    Todo empieza por casa.

 

*Fragmento de  "La pieza oscura" por Enrique Lihn.


Enrique Lihn Carrasco (Santiago de Chile, 3 de septiembre de 1929-ibídem 10 de julio de 1988). Una de las voces más lúcidas de la poesía nacional, nació en Santiago el 3 de septiembre de 1929. Pese a ser conocido principalmente por su labor poética, este miembro de la Generación Literaria de 1950 supo también desplegar su discurso ácido y escéptico en el ámbito de la crítica, la narrativa, la dramaturgia, el comic y el happening, convirtiéndose en un fecundo animador de la vida literaria y cultural del Santiago de su época.

Luego de estudiar en el Saint George College, Lihn ingresó al Colegio Alemán, lo que posteriormente recordó en el poema «Nunca salí del horroroso Chile», incluido en el poemario A partir de Manhattan (1979): «Nunca salí del habla que el Liceo Alemán/ me inflingió en sus dos patios como en un regimiento/ mordiendo en ella el polvo de un exilio imposible/ Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor/ el miedo de perder con la lengua materna/ toda la realidad. Nunca salí de nada».

Posteriormente, el año 1942, ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Santiago, en calidad de estudiante libre de dibujo y pintura, dando cuenta de una vocación que permanecería en él, pese a abandonar la formación plástica. A partir de esta experiencia, Lihn no sólo se vincularía al grupo intelectual formado en torno a la Escuela de Bellas Artes, sino que más tarde colaboró con diversos medios de prensa en el área gráfica, publicando incluso Un cómic (1992), obra realizada en colaboración con Alejandro Jodorowsky, en la cual Lihn ofició como dibujante.

En constante actividad, Enrique Lihn participó en innumerables proyectos editoriales, como la revista Cormorán (1969-1971) y la edición del collage Quebrantahuesos (1952). También colaboró con poemas, columnas y artículos de opinión en los diarios El Siglo, Las Últimas Noticias y La Época, así como en Revista de Arte, Atenea, Cauce y Apsi. Asimismo, desarrolló una intensa vida académica, vinculada fundamentalmente al Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile y a los Talleres de Poesía de la Universidad Católica.



Diamela Elit

Diamela Elit

6.1 Imaginar un espacio cuadrado, construido, cercado de árboles: con bancos, faroles, cables de luz, el suelo embaldosado y a pedazos la tierra cubierta de césped.

Imaginar este espacio incluido en la ciudad.

Imaginar este espacio ciudadano al anochecer con sus elementos velados, aunque todavía nítidos.

Imaginar desolado este espacio.

Imaginar este desolado espacio al encenderse la luz eléctrica: el haz largado sobre la superficie.

Imaginar toda la plaza cuadrada iluminada por diferentes haces que se filtran entre los árboles.

Imaginar allí una figura cualquiera sentada en un banco con los ojos cerrados.

Imaginar a esa figura sentada en el banco con los ojos cerrados y el frío extendido con violencia, desatado.

Imaginar que esa figura es una mujer con los ojos cerrados, acurrucada para sacarse el frío, sola en la plaza.

Imaginar que esa mujer es una desharrapada en la plaza, entumida de frío.

Imaginar sus pies cruzados sobre el suelo y su cabeza enterrada contra su pecho escondiendo el rostro, con los ojos cerrados.

Imaginar los árboles mecidos por el viento dejando ver los cables de luz y en medio a la mujer ésa.

Imaginar la ciudad quieta, sin ruidos, sólo la noche pasando.

Imaginar a la mujer sentada en el banco con los ojos cerrados bajo una luz.

Imaginar la luz sobre la cabeza de la mujer.

Imaginar una luz de gran potencia sobre la cabeza inclinada de la mujer.

Imaginar su mano iluminada sobre el banco de la plaza.

Imaginar sus pies iluminados curvados sobre el suelo.

Imaginar la curvatura de su espalda.

Imaginarla curvada.

Imaginarla en otros gestos circulares.

Imaginarla encerrada.

Imaginar a la mujer con la cabeza baja para eludir una luz.

Imaginar su cuerpo enteramente curvado iluminado por una luz de gran potencia.

Imaginar su cabeza iluminada.

Imaginar su nuca brillando iluminada

Imaginar la iluminación de sus ojos cerrados.

Imaginar sus uñas iluminadas sobre el banco.

Imaginarla sustituida bajo la luz por otra figura curvada.

Imaginar el escenario constituido por una luz de gran potencia.

Imaginar todo desharrapado bajo esa luz.

Imaginar su propio tirerío expuesto a una luz de gran potencia.

Imaginar la impresión bajo una luz.

Imaginar la extrema curvatura impresa bajo una luz.

Imaginar la extrema curvatura impresa bajo una luz de gran potencia.

Imaginar la iluminación de toda luz eléctrica.


6.2 LOS GRAFITIS DE LA PLAZA:

La escritura como proclama.

Santiago de Chile que apareció de modo mentiroso y con erratas le han quitado construcciones y es por eso que los

pálidos lo acosan como a usted que se creía protegido. Ellos están fuera de mediciones urbanas, en otra situación, por esto es que la belleza acabó por derrumbarse. Algo así como el sol que los hubiese terminado por excluir.

Pero sin embargo ésos tematizan sobre otras fundaciones que es imposible comprender a cabalidad, porque los lugares en que se proponen vienen de lo más primario, de la desinteligencia del que no conoce el cemento nada más que en una de sus partes.

Escribió:

como la más rajada de las madonas le presté mi cuerpo tirada en la plaza para que me lo lamiera.

La escritura como desatino.

Vinieron/abrieron huecos en la tierra para construir sus edificios.

Tenían la fortaleza que los de acá asombrados perseguían. Pobres desharrapados –el lumperío– ansiando esa fuerza que no lograban localizar porque sus expresiones inmutables nos inhibían y así, con los rostros erguidos, nos pasamos una vida hasta que nos botaron.


*Fragmento del libro "Lumperica" de Diamela Eltit


Diamela Elit nació en Santiago, en 1947. Graduada en Letras en las universidades de Chile y Católica. Actualmente es profesora titular en la Universidad Tecnológica Metropolitana y Distinguished Global Professor de la Universidad de Nueva York. Obtuvo el Premio Iberoamericano de Narrativa José Donoso en 2010, el Premio Municipal de Literatura en 2017, el Premio Nacional de Literatura en 2018 y ocupó la Cátedra Simón Bolívar (2014-2015) en la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Ha sido profesora visitante en las universidades de Berkeley, Columbia, Stanford, Johns Hopkins, Virginia y Pittsburgh.

Ha publicado novelas como Lumpérica (1983; Seix Barral, 1998), Por la patria (1986; Seix Barral, 2007), El cuarto mundo (Planeta, 1988), Vaca sagrada (Planeta, 1991), Los vigilantes (1994), Los trabajadores de la muerte (Seix Barral, 1998), Mano de obra (Seix Barral, 2002), Jamás el fuego nunca (2007), Impuesto a la carne (2010) y Fuerzas especiales (Seix Barral, 2013). Además ha escrito los libros de ensayo Emergencias: escritos sobre literatura, arte y política (Planeta-Ariel, 2000; Seix Barral, 2014), Signos vitales (2008) y Réplicas (2016, Premio Municipal de Literatura). Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, italiano, griego y fi nés.


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