Dos relatos de Sebastián Abdala

Verdad: algunas cosas no cambian. Yo creí ser una de ellas. La afección simple de una circunstancia puso mis huesos en un plano finito, determinado. Verdad: creo que nunca quise estar vivo.Vivo, en verdad, para demostrar que tengo resistencia a prueba de vida. Vivo, es verdad, para jugar con límites, menospreciando todo lo humano que forma parte de estos ojos llagados que miran las letras desaparecer.Verdad: algunas cosas cambian cuando se transforman, cuando ciertos procesos descomponen universos que brillaron en la noche. Verdad. Yo soy parte de esos cambios. Esta mañana continué caminando en el frío de una calle, entendiendo la definición de “Soledad”: incluso el viento te esquiva, se abre a tu paso, omite tu contorno, para no ennegrecer sus blancos filos de hielo.Verdad: no soy otra cosa más que un mero haz de carne, que la va de gurú con conocimiento en tantra, y comprende, tarde, que perder en serio es perder la vida.Verdad. Las imágenes siguen cayendo en mi mente a una velocidad indefinible; verdad, nada hay cercano a mí que pueda entender tanto, como el dolor que significa haber herido a quien te amaba.Dolor. Indescriptible dolor. No tolerancia ante las ganas de ya no ser más que pérdida debajo de la tierra.Ya no más peinar tus cabellos.Ya no más beber de tu boca.Verdad: estoy cambiando. La oscuridad, maravillosamente, me da miedo. Oigo las voces lóbregas amenazando a mi memoria, a mi mente. Tienen su lengua en mi pecho, me hablan en sangre por la mañana, cuando el sol roza mi cara, y me trae el recuerdo de tus ojos iluminando todo.Verdad. Siempre estuviste allí; y yo también estuve... como ausencia.Verdad. El frío me abrigaba de recordarte. Ya no existo como junta cadáveres. Ya no quedan pasos por dar.Verdad. Algunos dicen que sólo la muerte no tiene solución.Verdad. Yo creo que la vida tampoco si se carece de sentido.Verdad. Quiero sembrarme en vos por siempre. Repetirme y sentir que vale la pena, esta vez, caminar lejos de la oscuridad, esta oscuridad que tanto te ha herido.Verdad. Tristeza. Sólo tristeza me queda; y maldigo no tener una foto tuya. Verdad: he mentido, nunca valí un gramo del respirar de tu espíritu.


Notas
  
“Puños de ira descargué contra el viento,
para herir al destino y tenerte de vuelta.
Encendí la casa, rito de despedida
y saber, en los ojos, que era el último beso.”
Pequeña Orquesta Reincidente - Bonito
 
 
Estuve ebrio, creo que por eso no puedo reconocer la simplicidad de las cosas pasando a mi lado, como una nube perdida que llena de vida un campo donde los pasos no tienen retorno. Y me pregunto a cada rato, en la noche, si estos temblores que llegan por la mañana a mis manos, que resecan mi piel, desaparecerán algún día. O se convertirán en algo más de lo cotidianamente sombrío.
De tanto ser el que desaparece en la nada, de tanto disecar alas de mariposas en mis paredes y discutir con las sombras, no quise ver que podría haber significado algo diferente a letras amargas.
Y ahora que los ecos se enhebran en mis ojos, como clavos de un ataúd de pino macizo, macilento y frío, entiendo que mi historia la vengo construyendo con “nunca”, sabiendo que los “siempre” son fundamento de futuros recuerdos que suelen no ocurrir.
Tal vez las copas que he bebido de más en estos años no fueron tan brillantes como esas luces de neón. Luces que estallaron en la madrugada, llenando de oscuridad la calle. Y quise que cada una de esas piedras que cortaron el aire negro para vengarte de mí, pudieran hacer algún ruido que te sacara esa mirada triste, dolida.
Y mis lágrimas, que embriagaron tantas sábanas, no encontraron lugar para esconderse de la vergüenza que produce una voz reseca y angustiada, en el medio de las vías, cantando quién sabe qué estribillo con aires de Mantra... Mantra... veo el vaso medio lleno, porque verlo medio vacío me pone aun más triste...
Y luego despertar con un tren que te pasa a un metro, o colgando bufandas de un puente, o en un banco de plaza, es como no despertar: es seguir discutiendo con voces internas que la pena y la tristeza empujan a vengarse de uno mismo. Y que tus lágrimas calladas se acercaron a olvidar las frases que improvisé en un escenario, en busca de resarcir tantos errores.
Gestos de borracho, otro idiota que dice “Lo siento, lo siento tanto, lo siento mucho”, y el eco de esas palabras da vergüenza, porque se ahoga en el primer vaso que nunca será el último. Y cómo dejar de pedir perdón, si la noche es la que me tiene tomado, la que me asfixia en bares que nunca cierran.
Los poemas de amor se perdieron en cuadernos que no puedo abrir, porque me crujen en el alma. ¿Por qué no pude amar cuando fui amado?
Nutrí un hermoso jardín de aves de cristal, ¿sabés? Donde vos fuiste mi estatua más delicada. Y una por una, una a una, las fui destrozando, o empeñando, cuando no había un trago que me hiciera olvidar los ojos claros de un bebé que ya no respiraría. O el llanto de una mujer que decía ser mi madre, mientras me levantaban del suelo envuelto en sangre.
Entre ruinas significa nada si desde las cenizas no puedo encontrar las formas de un cuerpo que todavía, por algún extraño motivo, puede apaciguarme y dejarme dormir.
 


Sebatián Abdala nació en Buenos Aires, en 1976. Ha sido editor y redactor de revistas independientes desde los 18 años, trabajó como director artístico en radio, y formó parte de los varios movimientos empecinados en difundir arte y cultura por internet desde el año 1999.
Dirigió, tambiién, el movimiento alternativo de arte “Círculo Raskolnikov”. Estudió literatura con Mario Goloboff, Horacio Salas y Marcelo Dimarco. En 2006 se radicó en Sevilla, publicó cuentos en distintas revistas españolas de literatura, trabajó como editor de revistas de poesía en Madrid y en 2012 publica su primer libro “La Cólera del Resucitado”. Luego, en 2014, “Las Vanidades del Polvo” y en 2018 “Los propietarios del miedo. Su estilo en la escritura es ácido e irreverente, lo que hace de sus obras un entretenimiento diferente. Actualmente da cursos de creación literaria y orientación a la lectura latinoamericana.

Post actualizado el 5 de agosto de 2023.

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