«Mucho más en contra» un poema de Rolando Reyes López

¿Dónde viven los hombres como yo?;
cuando nací, 
vivían en la suavidad que prestó sus alas
para traerme a la vida 
con una hermosura inédita,
la que no puede exhibirse en festivales
ni incluirse en el guion de series dramatizadas.

No salí de las arenas limpias del Kollam
ni el Meenam tuvo que ver 
con el calendario de mi madre;
estuve rodeado de oraciones
y de muchachas que ayudan a otras 
a vestir como las vírgenes.

Deví no fue la Diosa sobre mi cuna:
Ella me había eliminado de los círculos
mucho antes que existiera mi familia.


La creadora de nosotros 
no me ofreció las novias de Krisna.
Ningún código o sacrificio 
me alejó de agresiones
y experimentos sociales.

Yo amé los dos espíritus del hombre 
que se proyectaban como yo;
los espíritus anteriores no me interesaron:
eran débiles, tontos y fáciles;
no asistí al Baile de las Flores,
nunca olvidé las virtudes de mi cuerpo
o la sabiduría de mis enemigos;
siempre supe que sería castigado 
con una muerte dolorosa
si me negaba a crecer como los demás.

Mi historia no apareció en De orbe novo decades,
dijeron que haber nacido fue una ofensa grave a Dios;
me exigieron, por la fuerza, 
permanecer en el anonimato,
sin ídolos, impotente como un ser diabólico.
porque mi vicio por la carne 
no clasifica como servidumbre:
Yo no sería sacerdote.
La falsedad detestable era innata en mí,
todas las afirmaciones que alegué 
fueron consideradas como erróneas.
Si hubo nobleza en ti, 
fue una nobleza miserable. Respondieron.

No pude ocultarme en las Efebias
ni evitar que vertieran las cenizas de otros
sobre mi cuerpo vivo todavía
para ser reinventado en otro ser
aún más abominable 
y misterioso.

Los funcionarios de la muerte 
me dieron esta prisión
inmediatamente después 
que pude sostenerme sin ayudas;
las majestades del infierno 
esperan mi último minuto
para hacer que yo arda, hasta los huesos;
dicen que soy la única causa pendiente
con los santos favoritos del reino celestial.

No soy igual a nada conocido, 
mi realidad es otra;
las fieles amistades masculinas que poseo
pueden testimoniar a mi favor
cuando tenga que hacer entrada 
en la guarida de la muerte.

La calle donde vivo no es La Calle de la Paz,
la lista en la que estoy nunca será revelada,
en los boulevares, los batallones del ejército,
me impiden llegar a la otra esquina.

Creen que no soy de esta civilización,
que más bien parezco un tabú
y que mi nombre no aparece 
en la nomenclatura mundial 
de estereotipos verdaderos,
que me negarán el paso a hoteles y sanatorios
y que una celda privada en El Penal de Isla María
tiene inscrito mi nombre encima de la puerta.

Mi vida es como mi realidad, 
limitada, discreta, clandestina;
cuando me aproximo a un grupo de personas
no dicen: Ahí viene un amigo, 
o Un hombre viene hacia nosotros,
en su lugar expresan: Ahí viene,
como refiriéndose a una criatura 
del mundo antiguo.

Tengo la impresión de ser 
lo que Dios no había podido crear.
Recibí amenazas de muerte
y sé que mi cadáver no será admitido 
en ninguna funeraria.

La violencia, el odio, la venganza y la muerte 
viven persiguiéndome
como si mi existencia formara parte 
de los símbolos irreales de estos tiempos.
Ellos no preguntan por los terremotos, 
la lluvia o las inundaciones,
ellos preguntan por mí, 
saben que no hay leyes que me protejan
y avisan a las demás criaturas 
sobre las consecuencias de imitarme:
No hacer contacto conmigo,
es la palabra.

Fui privado de mi origen étnico, 
de mi nacionalidad, del sexo con que nací, 
de mi condición social y económica;
me quitaron la salud, la edad, 
el idioma, las necesidades afectivas, 
la religión y mis pertenencias sexuales.

Otros dicen que bajo mi piel 
se oculta lo peor del alma de los hombres,
que mi rostro no será reproducido 
por los artistas del próximo milenio
y que, por suerte, 
no recuperaré mi lugar en las profundidades.
No entiendo mi destino;
no asesiné a nadie, 
no violé a las vírgenes que vi
ni formé parte de invasiones mercenarias;
sin embargo, como a un mal mayor,
las fuerzas en el poder insisten 
en negarme el acceso a los puntos fronterizos;
dicen tener la orden de impedir que mis ideas 
se divulguen.



Rolando Reyes López. (Pedro Betancourt. Matanzas. 1969). Miembro del Taller Literario “Placido Valdez desde 1995. Resido desde el año 1971 en el Municipio de Jovellanos. Matanzas. Cuba. Graduado de Bachiller. Actualmente es jubilado por Baja Visión. Numeroso relatos breves y poemas mios han sido publicados en revistas y antologías de varios países de Europa y Latinoamérica.


Fotografía de Anthony DELANOIX M (en Unsplash). Public domain.

No hay comentarios:

Publicar un comentario