«Cuentokyo», un texto del autor venezolano Víctor Manuel Solís

Música original de José Carlos Hernández y Julio César Torrealba

Alcé la mirada hacia el azul invernal que se extendía más allá de este y otros mundos deseando despedirme. Pero todo en lo que alcanzaba a pensar era la manera en que esta separación nos alejaría de tantas aventuras por compartir. Por eso no quise darle demasiada importancia a su figura radiante dorando el amanecer. Primero me distraje con una nube con forma de ángel, volando perdida en la distancia. Luego esta se deformó de pena y luego una boca de lobo apareció devorando una manzana, y de ella surgieron pequeñas partículas masticadas que se evaporaron en todas las direcciones.

El cielo oscureció. Y el dorado radiante de la estela de mi amigo aún seguía perdiéndose lentamente en su ascenso hacia el espacio. Yo todavía no quería aceptar su partida. Mientras tanto un ave negra surcó los cielos e hizo una zambullida hacia el otro lado de una montaña. Luego vino un relámpago y tropezó con el firmamento, como un saludo sideral e imprevisto, que vino y se fue y dejó el eco de un trueno como señal de su paso. Mis oídos resintieron hasta esa despedida. Intentaba sumergirlos en la música que me había acompañado la primera vez que nos conocimos, cuando yo caminaba por una senda distinta a la usual en mi regreso a casa, y en medio de lo desconocido la tierra abrió sus fauces y encontré un reino escondido. Y ahora él se iba, acelerando su adiós, sin importar cuánto quisiera detenerlo, ni cuánto ralentizara mi conciencia su partida.

Volvía el sol. La nieve me producía escalofríos. Un viento de alguno de los puntos cardinales agitó la gorra que me había regalado mi madre a los 13 años. La atajé antes de que volara también, sin otro aviso que la desnudez repentina que agitaba mis cabellos.

Ninguna palabra hubiera bastado. Ningún “por qué” hubiera detenido este momento. Mi amigo se iba lejos, hacia donde no hay necesidad de nombrar cosas. Pero, ¿cuántos podían admitir que habían tenido a semejante ser como su compañero de viajes en ese espacio que yace cuando un minuto y otro se extienden más allá de lo comprensible? ¿Cuántos muchachos de 16 años han transitado continentes en lo que pareciera un parpadeo, a bordo de escamas que entonces eran plateadas y oscuras, sujetando la maravilla con la fuerza de una tormenta, porque todo pasa demasiado rápido y el corazón late como un tren que llega astutamente a una estación vacía en plena mañana? Yo estuve allí, con él, y juntos fuimos y vinimos a nuestro gusto. Y ningún ser podrá conocer lo que eso se sintió. Y durante todos los años que parecieron pasar como un suspiro, nunca pude admitir que este día llegaría. Ignorarlo no fue suficiente.

Así que vino el momento, y ahora allí estaba él, ascendiendo, elevándose con sus alas doradas hechas de árboles antiguos que sujetaba la tierra en sus entrañas, y respirando aire de corrientes de Andrómeda, como si por dentro de él estuviera el comienzo y el final de algo infinito; y todo a su alrededor brillaba. No había escama que no se revelara como el oro más puro de todos. Y no había sonido que pudiera viajar más rápido que el murmullo de su fuego cuando sonríe.

He allí, mi amigo, el dragón, dejándome entre estos techos de concreto, cada uno regresando, por lo que queda de nuestros latidos, hacia esa otra vida que siempre estuvo esperando por nosotros y a la que ahora nos encaminamos por sendas simultáneamente distintas. Espacios por los que unos vuelan y otros caminan.

Tal vez él dirá, allá en la tierra que fundará en los rincones de alguna galaxia: “Yo anduve una vez con un niño de Tokyo”. Y los demás dragones considerarán eso como el testamento de que no todo es malo allá en la Tierra donde se extinguieron tiempo ha.

Y así escribo estas líneas mientras mi madre me llama a comer. Mañana debo partir lejos de aquí. No sé si fundaré una tierra, por más pequeña que sea. Pero al menos trataré de fundarme a mí mismo.


Víctor Manuel Solís Baptista nace el 19 de diciembre de 1988, en la ciudad de Valera Edo. Trujillo, este escritor además es licenciado en Educación Integral, poeta, profesor de inglés, traductor, guionista, dramaturgo y Dungeon Master.
Víctor Manuel es un constante lector y escritor disciplinado, que desde niño siempre se ha interesado por descubrir e indagar lo desconocido para darlo a conocer. Su amor por la escritura comenzó a los 7 años y su primer poema lo escribió a los 13 años cuando estaba en 4to año. Tiene un Blog titulado “Cavernas y Sombras” creado en Abril del año 2013, el cual posee infinidades escritos de los estudios que ha realizado de diversas obras literarias, cine e incluso sus poemas y cuentos incluyendo el prólogo de la antología de cuentos clásicos de una curaduría que realizo “Visiones de Sueño y Niebla”. En el año 2015 fue el ganador de la primera edición del concurso de web “Versiona tu Blog” premio que recibió en el Estado Zulia por parte del Presidente y Editor del “Diario Versión Final” Carlos Alaimo. La poesía de Víctor posee romanticismo y ternura con una sensibilidad humana, que hace a este joven autor un ser especial y espiritual, es lo que refleja en el homenaje que le realiza a su adorada mascota “Sally”en uno de sus poemas. En ese instante descubres que más allá de su pasión por la ficción también existe un alma con gran sensibilidad y amor dentro de su ser, que se puede descifrar en sus escritos.
Víctor es ese niño jugando en su propio universo con superpoderes a la hora de escribir sus historias, siempre cree en la magia de los magos, hadas y dragones. Amando la ciencia ficción, el imperio y las galaxias ese mundo donde los cuerpos celestes del universo estudia cada estrella de la materia interestelar. Es un estudioso de la obra de William Shakespeare, Edgar Allan Poe entre otros, sin dejar de mencionar a Mary Shelley que es una de sus escritoras de la época favoritas,Teresa de La Parra y por supuesto su gran amor por Jane Austen podría decirse que son sus tres maestras de la literatura y sus amores platónicos.

Quizás estas pasiones por algunos no sea comprendido, pero el mundo de la escritura es la esencia de lo espiritual y todo lo que sale del alma con el corazón es la verdadera razón del amor, la alegría y la bendición de estar vivos de hacer y disfrutar libremente lo que en realidad les gusta. Este joven polifacético no solo se ha desempeñado en la escritura si no que además ha incursionado en el mundo de la radio, como productor y locutor de su programa “El Otro Lado del Arte” en compañía de su mejor amigo Julio Torrealba. Proyecto que inicio en el año 2005 y lo mantuvo por 8 años teniendo una gran audiencia en otros países latinoamericanos. Es un excelente músico su pasión por el teclado y la guitarra lo hacen poseedor de otros dones, junto a sus amigos fue integrante de dos bandas musicales una de Reggae y otra tributo a los Beatles de las cuales podemos encontrar parte de esa trayectoria en las páginas oficiales de estas bandas en: 

Además ha realizado teatro y presentaciones poéticas en el Teatro Nacional Juvenil, una de ellas ha sido sus noches de poesías, cante y baile en Aflamencao “La noche flamenca”. Su mayor sueño es ser el director de sus propias películas y difundirlas, es un coleccionista al igual que su cineasta favorito Guillermo del Toro, tal vez no posea un museo pero su centro de estudios es una misteriosa caverna donde lo acompañan sus musas, magos, dragones, arañas, maestros y su adorado Frankenstein. La pasión de este autor es como el mismo dice es infinita no tiene limites.
Les presentamos uno de sus cuentos inspirados en su amada Caverna y con el toque músical de dos de sus amigos, lo cual lo pueden encontrar en la siguiente plataforma https://soundcloud.com/jose-c-hernandez-1/cuentokyo

Si desean conocer más sobre los trabajos de Víctor Manuel Solís Baptista pueden seguirlo a través de sus redes sociales: En Facebook como: Víctor Manuel Solís, Twitter @VictorMSolisB, Instagram VictorMSolisB y su Blog 


LUSTRACIONES: La imágen ha sido remitida por el autor de la obra.

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