'La noche del tropiezo', un relato de Leopold Reinhard Resch - Volvemos a ser la basura que nos da asco

'La noche del tropiezo', relato de Leopold Reinhard Resch

En la "Noche del tropiezo", Resch transporta a los lectores a un sombrío barrio de Viena, donde los personajes, atrapados en sus propias desgracias, buscan redención en un mundo marcado por la decadencia y la desesperanza. A través de sus relatos, Resch explora temas universales como la soledad, el amor y la lucha por encontrar un sentido en medio del caos.

La noche del tropiezo

No puedo dormir esta noche, así que no tengo nada mejor que hacer que salir al bar de la esquina, a tomar un par de cervezas.
Las noches de Viena por lo general son frías e ingratas con los seres nocturnos, y ésta noche no es la excepción.

Camino por la acera sin pensar en nada, todo esta normal, como recuerdo con asco. Las criaturas de la noche, el despilfarro de erotismo barato y los vendedores de substancias, se codean con la autoridad, que lejos de intervenir, solo están pendientes de recibir su parte. Todo está igual. Nada cambia.
 
El bar está repleto de las caras de siempre:
 
El viejo Fritz, que enviudó hace diez años, y todavía viene a beber todos los días para olvidar a su querida Helga, que en paz descanse. Michael el vagabundo, que no teniendo dónde pasar la noche, siempre duerme en uno de los rincones o cuenta la historia de su patética existencias a cambio de un par de tragos.
En la mesa 4, cerca del calentador de vapor, está el doctor Mauser, que siendo medico forense es evitado por el resto de parroquianos.
 
Dos o tres desconocidos terminan de completar el cuadro de la decadencia urbana, con sus miradas perdidas en no sé que lejano planeta, lugares inexistentes de un universo de venenos bienvenidos.
Tras la pequeña barra se encuentra Brenda, la dueña del lugar, nos conoce a todos por nombre, para nosotros simplemente se llama "Madre".
 
--"Hola Leo, feliz noche buena, ¿Lo de siempre?"
 
--"Hola "Madre", feliz noche buena para ti también. Sí, una cerveza con Korn."("Korn" es un aguardiente de grano o fruta, que suele acompañar a la cerveza en algunas partes de Austria)
 
Siempre me pregunta lo mismo con las mismas palabras, y siempre respondo lo mismo con las mismas palabras también. Por supuesto no es Navidad, estamos a mitad de Agosto, pero para "Madre" siempre es noche buena, probablemente para recordar a su hija, que murió de neumonía a los doce años, el 25 de Diciembre de 1965, a consecuencia del frío invernal que había pasado cuando ella y su madre escaparon de Alemania oriental saltando el muro de Berlín un mes antes. Sin recursos ni familiares durmieron en las calles de Berlín por varias semanas en pleno invierno. Luego de enterrar a su hija, emigró a Austria, donde consiguió una segunda oportunidad, otro esposo que la dejaría dos años mas tarde. Heredándole éste pequeño bar en los suburbios de Viena. . .
 
Encaro el local dando la espalda a la barra como siempre, con los codos apoyados en la misma, esperando que algo interesante suceda.
Noche a noche hacemos todos lo mismo, desde hace no sé cuantos años. Todos queremos lo mismo, todos esperamos que algo pase.
Lo más interesante que ha pasado últimamente, fue cuando murió Hans Krause, hace un par de semanas.
 
Llegó al bar bañado en sangre, tambaleándose, con una horrible expresión de pánico terminal, implorando ayuda con la mirada.
Tenía una impresionante herida en el cuello, que recorría la garganta desde debajo de la oreja izquierda hasta la derecha. De ella brotaba la sangre a borbotones ensuciándonos a todos con su tibio salpicar.
Unos segundos después se desplomó y cayó al suelo con un sonido seco y quedó boca abajo en el charco de su propio fluido vital.
 
Nunca dijo nada, ni produjo algún intento de ruido ni nada. Murió allí, frente a nosotros, repugnante despojo para nuestros sádicos instintos de aburrimiento crónico.
No supimos nunca que le había pasado, ni porqué, y realmente a ninguno de nosotros le importó demasiado. Únicamente "Madre" lloró por un rato antes de llamar a las autoridades.
Por lo demás, desde que frecuento éste antro de soledad acompañada, nunca ha pasado nada de interés. Nadie habla con nadie, nadie dice nada, a excepción de Michael, el vagabundo, cuando tiene sed.
 
Tomo otro "Bier mit Korn, (cerveza con aguardiente), y me encamino de nuevo a mi cárcel personal. En el camino, Karen, la ramera de la cuadra, se me acerca y me pide lleve a casa.
 
¿Por qué no?, No pierdo nada y ella, si a éstas horas no tiene cliente, no tiene dónde pasar la noche. Son las tres de la mañana y calculo que la temperatura no excede ni los 5 o 6 grados Celsius.
 
Subimos a mi piso y nos preparo un trago, luego conversamos por un rato y nos desahogamos de nuestras tragedias personales, lloramos juntos, pues ambos vivimos sumergidos en la inmundicia humana de ésta ciudad de porquería.
Las substancias nos permiten sentirnos como seres humanos, y por un par de horas creamos la ilusión de estar vivos, de amarnos, de tener derecho a redención divina y humana.
Lloramos de nuevo en nuestros hombros y hasta podemos reírnos de los idiotas que estafamos a diario para poder sobrevivir.
 
Ella vendiendo su cuerpo golpeado por la heroína al placer carnal de los incapaces de hacer vida real, y yo empacando polvos de estrellas para las rameras y sus clientes para financiar mis propios vicios.
Hacemos el amor, sin intereses de por medio, ella para averiguar que se siente hacerlo por placer y no por dinero, y yo por sentir un cuerpo a mi lado que no me pide nada a cambio, ni fidelidad ni nada.
Nos despertamos en la mañana abrazados y confundidos por estar juntos. Volvemos a la realidad inclemente de nuestras verdaderas existencias destruidas por nosotros mismos.
 
Volvemos a ser la basura que nos da asco.
 
Ambos hemos caído en desgracia, ella puta, yo un vil traficante. Ni ella ni yo nos levantaremos nunca de la noche del tropiezo. . .
 



Leopold Reinhard Resch, traductor, músico, tatuador profesional. Autor del libro "Pensamientos, poemas y locuras de un ser confuso". Nació el 12 de mayo de 1978 en Weiz, Austria, pero su infancia se desarrolló en Valencia, Venezuela, a donde su familia se trasladó cuando era aún muy joven. Desde temprana edad, mostró un interés profundo por la literatura y las artes, influenciado tanto por la cultura europea como por el vibrante ambiente latinoamericano.

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