Poemas de 'Tadeusz Rozewicz'


Vi a unos locos

Vi a unos locos
caminaban por la superficie del mar 
creían hasta el final 
y se ahogaron

aún hoy voltean 
a mi insegura barca

rechazo estas manos 
sepulcrales 
yo cruelmente 
vivo

las rechazo año tras año


La espina

no creo
no creo desde que abro los ojos 
hasta cerrarlos

no creo desde una orilla 
hasta la otra 
de mi vida

no creo
con la misma profundidad 
con que mi madre 
creía

no creo
al comer pan
al beber agua
al amar un cuerpo

no creo
en sus templos
en sus curas en sus signos

no creo
al pasar por la calle de una ciudad
por el campo
bajo la lluvia en el aire
dentro del resplandor
de la anunciación

leo sus parábolas
rectas como la espiga del trigo
y evoco a un dios
que no sabía reír

pienso 
en un dios 
pequeño y sangrante 
que yace
en los blancos lienzos de la infancia

pienso
en una espina que desgarra 
nuestros ojos nuestras bocas 
ahora
y en la hora de la muerte


En la mitad de la vida

Después del fin del mundo
después de mi propia muerte
me encontré en la mitad de la vida
construyéndome
construyendo la vida
los seres los animales los paisajes

esto es una mesa —decía—
esto es una mesa
sobre la mesa pan y cuchillo 
cuchillo para cortar pan 
pan —alimento del hombre

al hombre hay que amarlo 
—aprendía día y noche— 
¿a quién debes amar? 
yo contestaba: al hombre

esto es una ventana —decía—
esto es una ventana
detrás de la ventana hay un jardín
en el jardín veo un manzano
el manzano florece
pierde flores
se forman frutas
maduran

mi padre arranca una manzana 
el hombre que arrancó la manzana 
es mi padre
me senté en el umbral
esta anciana que pasa
arrastrando una cabra amarrada
vale más que siete maravillas del mundo

quien piensa y siente
lo contrario
asesina a la humanidad

esto es el hombre
árbol esto es
pan

los humanos comen para vivir 
—me estaba repitiendo— 
la vida humana es importante 
la vida humana tiene peso 
el peso de la vida 
vale más que todas las cosas 
creadas por los seres humanos 
el hombre es un tesoro —insistía—


esto es agua —acariciaba 
su superficie con las manos 
dialogaba con el río 
agua —decía— 
agua buena
soy yo

el hombre le hablaba al agua 
le hablaba a la luna 
a las flores de la lluvia 
a la tierra bajo sus pies 
a los pájaros 
y al cielo

no le contestaba el cielo 
se quedó callada la tierra 
si oyes una voz 
brotando
de la tierra de los ríos del cielo 
es una voz gemela
del otro


Las formas

Las formas de antaño muy bien ordenadas 
y dóciles, siempre dispuestas a soportar 
el largo de la materia muerta del poema, 
asustadas por el fuego y el hedor de la sangre 
rompieron filas y corrieron al azar

y ahora
invaden a su creador 
lo desgarran lo arrastran 
por largas calles
que ni siquiera recuerdan los desfiles 
de todas las orquestas escuelas procesiones

hinchada de sangre 
carne que todavía respira 
les sirve de alimento 
a aquellas formas perfectas 
aprietan tan fuerte

su botín
que ni siquiera se salva 
el silencio



Tadeusz Różewicz nació el 9 de septiembre de 1921 en Radomsk. Dramaturgo, cuentista, autor de guiones de cine. Poeta de una ruptura tajante con la tradición, ha revisado el concepto mismo de poesía y su razón de ser. Es una personalidad determinante para la evolución de la poesía polaca después de la segunda guerra mundial.

Sus principales libros de poesía: La inquietud (1947), La llanura (1954), El poema abierto (1956), Conversación con el príncipe (1960), La voz de un anónimo (1961), La rosa verde(1961), El rostro tercero (1968), Regio (1969) y Una pobre alma(1976), Diario dramático (1979), En la superficie del poema y en su interior (1983), Deslumbramientos (1987), Palabra tras palabra (1994), Siempre un fragmento (1998). En México es conocido sobre todo como autor de obras de teatro, tales como El fichero y La vieja mujer empolla, traducidas al español y puestas varias veces en escena.

El joven Różewicz vivió en propia piel la experiencia de su generación, llamada “la generación del Apocalipsis”. Vivió verdaderamente “un fin del mundo”, que siempre puede repetirse, y al verse salvado no pudo evitar plantearse una pregunta dramática: frente a la verdad terrible del homicidio ¿qué puede la cultura, la poesía, con todas sus reglas del juego y sus “bellas mentiras”? La respuesta sólo pudo ser negativa y Różewicz ha proclamado su famoso veredicto: “la poesía está muerta”. En otras palabras, si la poesía quiere salvar su vida, tiene que acabar con una poesía de ayer, con la buena conciencia de los señores y las señoras poetas. Ya no era posible creer en la palabra bella y metafísica. El único camino era el de la antipoesía. Esta nueva actitud, la nueva conciencia del poeta, tuvo que buscar nuevos medios de expresión. De ahí viene la práctica de la palabra despojada de cualquier adorno, la poética de reportaje, de diálogo o de monólogo interior; el desprestigio de la metáfora.

En toda la obra de Różewicz —autor que está evolucionando hasta hoy— se percibe una oposición dramática entre el mundo de la cultura y el reino feroz de la biología. De un lado la Arcadia añorada del arte (Różewicz estudió la historia del arte), del otro, la verdad cruda, definitiva de la carne humana. El Coliseo, Venecia, los encantos de la pintura italiana, evocados en su largo poema-reportaje “Et in Arcadia ego” y la memoria atroz de la historia irreparable. Różewicz, dando la espalda a los valores estéticos, opta por una ética desilusionada y sin mística. Considera que “el poeta del basurero está más cercano a la verdad que el poeta de las nubes”. De ahí viene su afirmación de los valores cotidianos, a “las viejas feas malignas”, a las “viejas que empollan”, porque —según el poeta— son ellas las que encarnan la verdadera sabiduría de la vida.

Después de publicar Regio, la palabra poética de Różewicz no ha cesado de erotizarse, es decir, de volverse Cuerpo. El cuerpo como cárcel y liberación, origen y anunciación del final, instrumento de goce y objeto de descomposición. Różewicz partió del cuerpo-carne sangrienta y humillada por la muerte para llegar al cuerpo-amor, al desnudarse furtivo y condenado al olvido de los amantes. En este terreno, Różewicz, maduro, está buscando la trascendencia.

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