Una muestra del poemario: «Los días asincrónicos de Tina», por Carmen Rosa Orozco

Día 180 Luces y dedos. 

Era una línea delgada y luminosa
sobre la cual andaba junto a los niños
que perdieron la vida por decisión de su madre
cerraba los cuadernos y me hablaban desde el vientre:

–Ella prefirió la belleza y la estridencia, el sonido demacrado de cada palabra la desorientaba, tocabas la flauta dulce junto a la sombra de la luna la noche que fuimos succionados abruptamente; las serpentinas de papel crepé se agitan, enredas tus dedos en ellas, son color fucsia y aguamarina, los preferidos de tu tacto que destila polvo de estrellas y olor a siemprevivas.
Es inútil decir que Alice Cowan nunca regresó del bosque y no respondió mi carta. Mi agradecimiento es amplio en las madrugadas cuando recuerdo las clases de aquella lengua muerta, mis dedos se atropellaban con los latidos del corazón, aprendí lo necesario para internarme en la oscuridad.

Los niños transitan por entre mis filamentos de luz
cae un sombrero negro que oculto en la espalda,
los párrafos son difíciles de estructurar
cuando descienden cabellos nacarados encima del escritorio,
no es preciso estimar la moderación
que todo abunde
como el amor que faltó cada vez 
que danzabas bajo los hilos de luz.

 

–Te puedes esconder en el escenario de tu idioma, en la languidez impecable de la bifurcación o llaneza de cada letra, obrando el desarraigo en ojos ciegos y manos tartamudas que no quieren leer. Desconozco el significado de los vocablos que ocultas, nunca podré ayudarte, la tela está herida de huecos y no circulan las transparencias. Desandas sobre tu cabellera y no me miras como antes.
Los niños muertos me persiguen.
–Quiero morir, pero no estar muerta, un día estaré irremediablemente muerta y no podré vestirme o escoger el labial rojo que enciende mis labios, ni mirar las puestas de sol que tanto amo. Esperaré hasta el final con asombro y caminando con las puntas de mis pies en la claridad, esa que estalla cada vez que el mar estrella sus olas contra mi cuerpo y deslizo mis dedos por las ventanas cuando la lluvia cae detrás. 

Los niños abren los libros
leen los cuentos de Virginia Woolf,
es imperfecto todo
ya nada es necesario.
Estar encerrada para siempre 
en la casa,
una caja cataléptica
que nadie oye cuando rueda por el piso.
Tomas mis dedos y me sacas.
Puedo respirar.
Pieza incidental de dedos 
y de descalabrada ausencia cuando pretendo existir.
Podría olvidar a quienes me abandonaron
pero los veo en mis dedos
cuento a los niños muertos con mis dedos.
Pretendes encerrarme para siempre 
y que los trazos oscuros intercepten mis hebras de luz,
encerrada para ti
escribiendo desde el balcón.
Mis dedos flotan al compás de la luz, flotan,
sabes de mi debilidad:
no hablar
y contemplar esa luz sobre mis dedos que escriben.
Neuralgia de dedos
pistas verosímiles para el desaliento.



Día 310 Globos, flores muertas y fotos.

En los días previos a las miradas que di al entorno
sobraron las palabras ostentosas
y la floritura que escaseó en mi piel.
Ya no lastimas mis horas sin ti,
es cruel sentir el áspero contacto de tus desórdenes.
Parménides no negó el viaje a Ontario
y las medusas que tomé de su estanque,
un papel con su letra flotaba sobre el agua:

 

Es lo mismo, permanece en lo mismo, yace en sí mismo, y, así, permanece, trabados los pies, en el mismo sitio, pues una poderosa necesidad le tiene sujeto en las cadenas del límite que lo detiene por ambos lados.

 

Se oían los vallenatos, los ladridos y tu desdén.
Flores muertas que nunca me diste,
globos que flotan en la sala,
los papeles de las golosinas anclados a la cesta.
Ordené las fotos
y liberé la memoria del celular,
cada línea de la mano 
me indicaba un cauce de vida que debía vencer.
Entras al tálamo 
zigzagueando las ondas grises que restaban.
Don Jorge apenas sabía leer,
su escritura era balbuceante
faltaban consonantes,
desconocía los signos de puntuación;
la señora de la limpieza le ayudaba 
a contabilizar las pimpinas de combustible 
para el contrabando,
los pesos se guardaban en bolsas negras.
Los árboles de aguacate están cargados
y se estremecen con los aguaceros.

 

Recurres a la venganza de Orestes hacia Egisto, uno los fragmentos que la mujer silenciosa me otorga, Clitemnestra no logró huir de tu ira, ella no sintió pesar por el marido asesinado, veo su sangre en la puerta de mi alcoba y sus ojos aún desfallecen llenos de odio. La cobija se enlodó en el pantano y corrimos a mirar a aquellos que se sentaban felices en los porches de sus casas. Fui tu esposo y estrujé tu cintura con los dientes, marcar tu piel me confortó. Te deseo, Milena, ningún hombre podrá hacer brillar tus ojos como yo. Por qué razón te quieren separar de mí, Diomedes Díaz inunda los espacios de esta extenuante noche donde los vecinos no sospechan cuánto te amo, caminas sobre las tablas del sótano donde Electra te confundió con sus argucias, olvidaste el peso silencioso de mis besos sobre tus labios. He dejado de pensar en Milena, fueron múltiples sus desprecios hacia mí, no se percató de su errada decisión a través de los años, ahora su vejez no le permite recordar al único hombre que la amó, acaricias una figura que se desvanece, languidece el horizonte que miras deformado por las vetas de la desmemoria. Orestes logró persuadirte. Permanezco sentado con su retrato encima de mis piernas. El sonido de la mecedora en el caico anuncia de nuevo sus pasos. Electra la trae tomada de la mano hasta mí.

Estamos en el páramo.
Luna y Paco:
los perros pastores
que cuidan la posada La Estancia de Bolívar.
La habitación mira el arroyo 
que se balancea a través del precipicio,
la neblina mezcla 
la presencia de los amantes con el paisaje,
y los aglutina en una sola sombra:
verde, negra y espesa.
La navaja marca la frase
sobre la corteza del árbol: 
Te beso Milena, pero te beso.

 

Del poemario: Los días asincrónicos de Tina.



Carmen Rosa Orozco (San Juan de Colón, Venezuela, 1978): Poeta. Pedagogo en Educación Integral. Administradora de Empresas. Comerciante. Ha publicado en poesía los libros: Hileras de Sol, Delebles y Entreluz. Posee 10 poemarios inéditos. Ha sido publicada en: Pasajeras antología del Cautiverio de la Editorial Lector Cómplice, Astorga Redacción (España), Hacedoras -mil voces por la literatura venezolana- de la Editorial Lector Cómplice, el Papel Literario de El Nacional, Revista Nacional de Cultura, Antología Poética Sujeto Almado, Revista Actual, Antología Los Dragones de Papel, Revista Hipsipila (Universidad de Caldas, Colombia). También ha sido representada en los portales electrónicos: Letralia, El coloquio de los perros, Crear en Salamanca, Fonoteca Española, Revista Hiedra Oxeda, Revista Elipsis, Revista Kametsa, Revista El Humo, Revista Poémame, Revista Casa Bukowski, Revista Campos de Plumas, La Parada Poética, Tiberíades, entre otros. Obtuvo los siguientes reconocimientos literarios: Premio Único del Concurso de Poesía de la Dirección de Cultura y Bellas Artes del Estado Táchira, Premio de Poesía del IUFRONT, I Bienal de Literatura Juan Beroes.
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Photo by Emilio Garcia on unsplash (public domain).

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