«Esperándola», un relato del escritor y psicólogo Miguel Ángel Acquesta


                         Había aprendido que lo malo no era la espera, sino las cosas que imaginas mientras esperas. "La Reina del Sur" (2002), Arturo Pérez-Reverte

Núñez, Capital Federal. Invierno de 1981

 

El tañido del reloj en el estudio me sobresaltó. Ya son las nueve de la noche. Se me hizo tarde. A las nueve y cuarto viene Ella y Yo debería estar, como siempre, allí esperándola, un ratito antes, por las dudas. El día se me hizo interminable hoy, nunca llegaba la noche para tenerla. Voy a ponerme el sobretodo nuevo. Está haciendo mucho frío. Mejor dejo la luz encendida, total enseguida estaré de vuelta con Ella. Dos vueltas de llave por las dudas y ¡afuera!
En verdad hace más frío del que creía. Es una noche como para esperarla en casa. Pero yo no lo puedo hacer. Será la costumbre de tanto tiempo. O, tal vez, esa hermosa y extraña sensación de recibirla primero, cada noche, en la esquina, cuando recién llega. No lo sé con certeza, pero no puedo dejar de ir. Algo me impulsa y me guía hasta la parada de Cabildo e Ibera. Camino por Campos Salles rumbo a la avenida, estoy a tres cuadras, es cuestión de caminar ligero para entrar un poco en calor. Aunque pensándolo bien, cuando voy a buscarla siempre camino ligero. Que linda quedó Cabildo con la nueva iluminación y el asfalto. Aunque cuando tenía las plazoletas en el medio también era linda. Sólo faltan dos cuadras, un apuroncito más y ya estaré en Ibera. El Bingo como siempre lleno de gente, pese a la competencia de la agencia hípica en el viejo Cine Elite. El juego no afloja. Las nueve y cinco, falta todavía un rato. Siempre me pasa lo mismo, creo que voy a llegar tarde, que Ella llegará primero, me angustio y finalmente arribo antes. Pero no tengo remedio para eso. Qué mejor que fumar un poco para acortar la espera. Los Jockey Club siempre están, listos para hacer compañía. Hoy esperan en el bolsillo interior del sobretodo, tomo uno, saco los fósforos carterita del bolsillo externo, una raspadita y listo…humo, un poco amargo pero necesario. No vendría mal guarecerse en la entrada de la mueblería. La avenida Cabildo, al ser ancha y libre de edificios se transforma en una ruta del viento sur, helado. No sea cosa que me resfríe esperándola, si bien Ella lo vale. Esta mueblería es un santuario al mal gusto. Sin embargo, hace más de diez años subsiste en esa esquina. Desde que cerraron el bar. Es una pena, antes era lindo esperarla tomando un cafecito y después quedarnos, con Ella en la mesa un rato. El tránsito ya va disminuyendo, pero se hace más rápido, con el semáforo descompuesto se complica cruzar la Avenida a esta hora. Siempre recuerdo al Gordo Luis, con su sánguche de salame y queso a medio comer saliendo del bar para ver el cuerpo de una señora atropellada por un coche justamente en esa esquina. Éramos adolescentes y los demás nos quedamos congelados en la mesa, no dejó de impresionarnos que al Gordo le interesara ir a ver un cadáver desparramado en el asfalto mientras seguía mordiendo su sánguche. Hace rato que no veo a ninguno de los que frecuentábamos el bar en esa época. Tampoco los extraño. Pese al frío mucha gente camina por la Avenida, protegiéndose del viento, especialmente en esta esquina donde generalmente se embolsa. Allá viene el vehículo. No…a ver…No, es igualito, pero es otro. Ya son las nueve y cuarto y no llega. ¡Qué raro!, ¿le habrá pasado algo? Nunca se retrasa. Dios quiera que no. Mejor pienso en otra cosa para no preocuparme más de la cuenta. Aunque ya estoy un poco nervioso. Me tomaría medio Lexotanil, pero no traje. ¿Qué dirá hoy?. 
¿Pero cómo puede tardar tanto?. No tengo que pensar en Ella. Sin embargo, siempre es puntual. Algún otro semáforo descompuesto o un embotellamiento inesperado la demoró. Ya otras veces, aunque raras, se atrasó, en especial cuando pasa algo grave o por algún lío en el centro. Esos retrasos siempre me produjeron esta angustia que ahora me acelera la respiración y los latidos cardíacos y aparece el vago temor que siento ahora. El miedo de que Ella no venga hoy y tenga que afrontar la noche solo. Sin su compañía. El temor a que se repita la historia de Cristina. La esperé en vano durante tanto tiempo en ese bar, donde justamente una tarde a finales de febrero me dijo que lo nuestro no iba más. Esa tarde, para mí, nació la tristeza que no tiene fin. Tal vez a miles les pasa lo mismo. ¡Aunque no! ¡Eso no¡ Igual no. Nadie vive como Yo esos momentos con Ella. Nadie la valora tanto. Nadie la espera de este modo, con este nudo en la garganta y el corazón a los saltos. Con ansiedad febril por ser el primero en recibirla. Para tenerla en mis manos antes que nadie. Pero... ¿y si no viniera? No, mejor ni pensar en eso. Sería terrible. Yo iría a buscarla en otro lado, en cualquier lugar. Pero ya no sería lo mismo que cuando Ella llega acá. A Ibera y Cabildo. A la esquina del adiós definitivo de Cristina. Sería como si Ella también me fallara, me abandonara. Como Cristina, Como todos. Pero vendrá…no debo desesperarme. 
¡Ahí viene! Ahora sí. Esta vez es Ella. Allí veo el cartel claramente. ¡Qué velocidad, se ve que es una Chevrolet! Ya quedó todo atrás, la angustia, el temor, el sobresalto, una profunda alegría penetra en el cuerpo y me cobija. Como la del primer día que la tuve. Todavía percibo su aroma cuando la tuve en mis manos aquella noche. Estaba en el departamento de la prima de Alicia por la zona del Cid Campeador y recuerdo que se enojaron porque dejé de prestarles atención por Ella. Voy a correr a la vereda de enfrente para recibirla y llevarla hasta casa agarrándola muy fuerte. Dejo pasar a este loco que viene haciendo picadas contra nadie por la Avenida. Hace rato que no corro, el pucho me tiene mal. Estoy jadeando, pero ya estoy junto a Ella. Ahí está…
“Don Jorge la Rosa por favor”.


• La Rosa, forma familiar de llamar, en el ambiente del turf argentino, a la revista de pronósticos Palermo Rosa. 

 

 




Miguel Ángel Acquesta. Nacido el 2 de junio de 1949 en Núñez. Licenciado en Psicología. Desarrolló carrera en los ámbitos judicial y universitario. Publicó numerosos artículos científicos y siete libros sobre Psicología del Desarrollo. Varios cuentos formaron parte de revistas literarias y antologías. Obtuvo menciones y premios en concursos literarios. Becario del Fondo Nacional de las Artes en Letras en 2018, produjo “Luces en la oscuridad. A 21 años de la masacre de Ramallo” -inédita. Acaba de publicar el libro de cuentos “Relatos Urbanos” Editorial Vanadis. 2021. 

 
Fotografía de Priscilla Du Preez (en Unsplash). Public domain.


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