Una muestra poética del autor Abraham Campos Nava

El ojo

Mira el vacío del cielo, aún incierto,
mira emigrar aquel silencio débil
que no perdura, solo tierra flébil
¿El cielo solo es un pedazo muerto?
 
¿Será la cripta la razón de voz? 
tanto caer y arriba, la omisión
la indiferencia abriga la abyección
y este entresijo vuelca ya feroz.
 
el morador en lo alto nunca ríe,
mordaz, diluye y se desaparece
como el aplauso nos segrega y hastíe.
 
Y aun el recuerdo roto se enmohece,
nada, sinuoso el hilo que nos líe
al cielo mudo nunca ya florece.


El Falso Esclavo

Te condenaste en las cadenas ajenas,
sirves al amo con desidia; porque
la libertad no te pareció tan buena como el oro.
Usurpas la comida y el reclamo,
tomaste la vida de servicio,
mancillaste al que sirve con castigo,
ufanaste tu albedrio por un festín de estiércol,
vendiste tu valor al mejor postor,
 por tener un propósito,
porque sintieran compasión.
Levantas las cadenas falsas:
miras con desdeño tu cuerpo,
 miras y no hay alma,
miras la soga,
y cuentas tu oro,
 buscas el precio, ¿Y qué encuentras?
Que un esclavo vale mil veces más; que habitas en medio.


Ausencia

Nada nos prohíbe beber
del Leteo encaminado a lo azaroso:
Remembranza de nuestros pecados.
Nada nos impide llorar con el vino,
con la fratricida que se llama:
Madre.
Evocar el ósculo convertido en carmín
y su mano tatuada en la piel
con el descobijo del candor.
Nada nos invita a dejar el nido de la arpía
y descender al paraíso
con el fluir de la furia atada al puño
navegando la centuria de los días.
Nada nos incita a fraguar
al amparo de la cama
los hechizos que nos atan
entre el destete y la vendetta.
Nada obstaculiza regresar al fogón
con el rostro marchito
cargando nuestro paso a lomo
y saborear la sonrisa que
discrepa entre bien y mal.
Nada interrumpe impregnar el germen
entre un par de labios.
Nada detiene el palpitar de dedos maculados
que se cuelan entre líneas cruentas.
Nada nos detiene entre cielo y el infierno
y los cuernos del demonio
que se hincan ante
nuestro reflejo.
Nada nos detiene a conversar con la tierra
y entregar el tributo de la carne llamada:
Madre
y ser contemplados
por gusanos.



Abraham Campos Nava, Pachuca,1982. Colaboró en la antología de cuento hidalguense, Editorial Vozabizal y en la antología de poesía: Voces minerales, Editorial Vozabizal. Así como en revistas digitales.
 
Fotografía de Jr Korpa (en Unsplash). Public domain.

No hay comentarios:

Publicar un comentario