Desde Cuba: «Enigmas de la pobreza» un poema de Rolando López

No soy pobre, 
eso afirman las reglas económicas 
del Banco mundial. 

Esta fue la primera afirmación 
salida de mi boca íntima
cuando quiso dar fe del
sustantivo 
por el que este cuerpo responde, 
pero su garganta se deshace 
ante tanta pobreza. 

No puse atención al discurso 
que denunciaba el desarrollo desemillas
que comprendieron la ridícula importancia 
de los reconocimientos socio-políticos 
postmortem.

Ni siquiera tuve conocimiento de poetas 
que disfrutan el sexo con sectores sociales 
que aplauden la ausencia de lirismo 
en las antologías poéticas del siglo XXI.
No aplaudí la existencia de televisoras  
que censuran la verdad del hombre 
desempleado a la fuerza
al creerse mensajero de ancianas
que viven de la angustia 
por el asesinato de la niña 
que ofrecía su cuerpo a cambio de medicinas 
para aliviar a la madre en el brocal del Infierno. 

Esas abuelas ignoran 
que formé parte de quienes trabajan 
por menos de diez dólares al mes
y que soy el único 
que tiene la máquina de escribir 
que se niega a redactar tratados 
a favor de estados cuestionables.
.
Como el mejor ejemplo 
creí en la madre de las antologías literarias, 
en la Virgen de la Caridad de Cobre, 
en la luna roja, en la menguante, 
en prisioneros políticos 
(antes de ser liberados, ya no); 
Creí en amigos, en negros, 
en la literatura de amor;
estoy seguro que el asesinato de Cristo 
fue prematuro.
Por eso no me arrodillo ante un pontífice 
que no vista los harapos del mesías

Para lograr esta creencia 
rescaté a las muchachas 
que abandonaron el derecho de ser madres, 
dispuse cinco segundos 
para llorar por los asesinados;
averigüé cuándo seria la próxima lluvia,
e hice una pausa enorme 
a través de las hojas del olivo y el álamo, 
a favor de los niños que solventan sus fatigas 
en el vertedero de la primera ciudad 
que tuvo bibliotecas.

También ofrecí un beso a la persona 
que renegoció la deuda con el salvajismo
y di a mis amigos la opción de difundir los versos 
que no me publicaron.
De ahí que no necesite 
continuar haciéndole preguntas 
a la criatura que salió de mi boca. 
Ella afirma que si yo fuera pobre 
no hablaría con poetas.

Si algún día hacen oficial 
que soy un personaje de esos 
entonaré el salmo que da cierre a este poema,
solo entonces renunciaré a los premios literarios, 
a las razones 
que me hacen recibir bajo mi techo 
a los faltos de palabra, a drogadictas,
prostitutas, 
y a los que están a punto de retroceder. 

Con esa actitud insignificante 
ganaría tiempo 
para elaborar el plan de devolución 
de los favores que recuerdo.
El Escriba lo redactó de esta manera:
Para ser pobre hay que ir más abajo 



Rolando Reyes López. (Pedro Betancourt. Matanzas. 1969).
Miembro del Taller Literario “Placido Valdez desde 1995.
Resido desde el año 1971 en el Municipio de Jovellanos. Matanzas. Cuba. Graduado de Bachiller. Actualmente es jubilado por Baja Visión. poetadecuba@gmail.com


Fotografía de Ban Yido (en Unsplash). Public domain.


1 comentario:

  1. Bello. Realmente si tienes una gran riqueza de talentos y palabras. Te quiero muchísimo

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