Irene: Una carta desde el manicomio

Irene era una mujer de mediana edad, soltera, de “estatura media, buena constitución y temperamento nervioso”. Presentaba, según refiere su historia clínica, tendencia a la irascibilidad y a la desconfianza, lo que siempre le generó problemas tanto con su familia como en su trabajo de “sirvienta”. En su expediente se describe cómo, en una ocasión, hallándose sola en su domicilio, fue víctima de un intento de robo, del que se defendió agrediendo al intruso. Poco tiempo después fue condenada a seis meses de cárcel, pena que le generó intensos sentimientos de rabia e injusticia y sed de venganza contra el juez responsable del juicio. “En cuanto tuvo ocasión, le arrojó contra el rostro un frasco de cristal”, hecho por el que se aumentó la condena a siete años y fue conducida a la prisión de mujeres de Alcalá de Henares, en 1907. 
Durante su estancia en el penal fue declarada exenta de responsabilidad por estado de locura e internada en el manicomio de Leganés en abril de 1917, cuando contaba con 47 años de edad. A su entrada le diagnosticaron “degeneración mental, delirio de persecución y paranoia de reivindicación perseguidora peligrosa”. En el expediente clínico de Irene, conservado en el Archivo Histórico de la Institución, Ignacio del Mazo Almazán describía que la paciente sentía que “todo el mundo le quería hacer el mal, por lo que vivía en un constante estado de alarma y alerta, enfrentándose, discutiendo e incluso llegando a agredir a todo aquel que considerara una amenaza para ella”. 
Durante el largo tiempo que estuvo recluida en Leganés mantuvo un “carácter exaltado” con frecuentes protestas por su estado, así como por las condiciones del establecimiento, que vivía como deplorables. Esta situación, que experimentaba tan injusta, le llevó a escribir numerosas cartas a los directores y médicos del manicomio, a la infanta Isabel y a otras personas que desconocemos. Algunas de las misivas eran arrojadas por la ventana en un intento desesperado de que alguien se apiadara de su reclusión permanente. Su iniciativa fue infructuosa, ya que Irene permaneció en el asilo hasta su muerte, el 29 de julio de 1954, por una hemorragia cerebral, casi cuarenta años después de ingresar. 
De todas las cartas que escribió, tan solo hemos podido transcribir, por la complicada legibilidad, dos de ellas. Ambas misivas están dirigidas al director del establecimiento. Si bien en la primera no se especifica a qué facultativo está remitida, en la segunda, probablemente, Irene escribía al neurólogo y psiquiatra Manuel Peraita, que ejerció como jefe facultativo de la institución desde finales de 1943 hasta 1949. En las cartas de Irene se pueden percibir los sentimientos de injusticia y maltrato que le generaba la reclusión y las miserables condiciones del asilo.
Carta al director del establecimiento
Sr. Director.
Deseo que me diga si me da el alta o no. Para si no hacer el poder ante Notario y que me dé el dinero mi familia.
Yo no puedo con las comidas que me dan en el Establecimiento. La sémola no se puede comer; el puré no me sienta; las lentejas me dan descomposición y como están mal guisadas no se pueden comer y por tanto, como no se puede comer porque el litro de aceite está a 25 pesetas, yo necesito que mi familia me mande el dinero para poder comprar de todo y comer aquellas cosas que me sientan bien. Estoy delicada, enferma y necesito estar al sol o en una estufa.
Así que si no me dan el alta haré el poder a fin de tener dinero de mi familia y poder comprar las muchas cosas que necesito.
Creo que ya me habrá usted observado pues la cara es el espejo del alma.
Y sin más por hoy, en espera de su contestación quedo de usted s. s.
Irene.

Carta a Manuel Peraita
Don Manuel, sí o no. Viene el [ilegible], porque tengo muchas hambres, que me manden dinero para comer. Me da V. el alta sí o no, estoy enfermando de hambre, no puedo con las comidas, por mal guisadas, no hay aceite ni manteca, y no pueden guisar bien. Sí o no, Don Manuel.
Me da el alta sí o no.

Irene.


Olga Villasante, Ruth Candela, Ana Conseglieri,
Paloma Vázquez de la Torre, Raquel Tierno 
y Rafael Huertas
Cartas desde el manicomio 
Experiencias de internamiento 
en la Casa de Santa Isabel de Leganés. 


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