«La errancia»: Poemas de Jorie Graham


El ángel estaba al teléfono.

No. Jacob estaba al teléfono.

Ningún acceso posible.

Para ninguno. Ninguna candela encendida. Ningún garabato fino

como oblea que comprender...

¿Era realmente, entonces, el universo hostil un pasatiempo?

Microrrelato: «Amputaciones», de Dalton Trevisan


Por haber jugado con el ventilador, la niña tiene la punta amputada del meñique.

Desde entonces las tres muñecas, de castigo, tienen el mismo dedo cortado con tijeras.

«Nada nos conmovió tanto», un relato de Alfredo Armas Alfonzo

«Nada nos conmovió tanto», un relato de Alfredo Armas Alfonzo

Nada nos conmovió tanto a los catorce años como la muerte de María, la niña pura del libro de Jorge Isaacs. Este tomito, encuadernado en cuero rojo, con cantos y tafiletes dorados había pertenecido a la biblioteca del abuelo Ricardo Alfonso, y lo hallé en uno de sus baúles en la habitación frente al tanque.

«Volver», un relato de Antonio Di Benedetto

Le explico a Horacio:

-Hoy he recibido la invitación para el acto de Manuel que se hizo el lunes.

Horacio comenta:

-Lindo tema para un cuento fantástico.

No me dice cómo, queda a mi cargo.

«Parrafos trocados», un relato de Graham Greene


Una vez estaba tendido en la cama del dormitorio, llorando bajo las sábanas porque era la primera semana del trimestre y todavía faltaban doce infinitas semanas para las vacaciones. Y yo tenía miedo de… de todo. Era invierno y de pronto vi que la ventana de mi cuarto se empañaba con un vapor caliente. Limpié el vapor con la mano y miré hacia abajo. Allí estaba el dragón, echado en la calle húmeda y negra, parecía un cocodrilo en un arroyo. Antes nunca había abandonado el ejido

James Baldwin: «Una lección de humildad» | Narrativa


Cierto día el califa Harun al Raschid organizó un gran banquete en el salón principal de palacio.

Las paredes y el cielo raso brillaban por el oro y las piedras preciosas con las que estaban adornados. Y la gran mesa estaba decorada con exóticas plantas y flores Allí estaban los hombres más nobles de toda Persia y Arabia. También estaban

«El camino de regreso»: una historia de Dashiell Hammett


-¡Está loco si deja pasar esta oportunidad! Le concederán el mismo mérito y la misma recompensa por llevar las pruebas de mi muerte que por llevarme a mí. Le daré los documentos y las cosas que tengo encerrados cerca de la frontera de Yunnan para respaldar su historia, y le aseguro que jamás apareceré para estropearle el juego.