mayo 29, 2013

Jose Ángel Conde -Selección de poesía -




Feto Oscuro por Jorge Heras. Autor: José Ángel Conde Blanco. Editorial Groenlandia.

Un profesor de Estética que tuve en la universidad me dijo una vez que la poesía no es publicable. Este prólogo no es una explicación del poemario de José Ángel Conde, es un parecer de mi experiencia sobre su lectura; la poesía no se origina desde el lenguaje ordinario, establecido. La poesía es la serpiente que se muerde la cola. El significante en el poema ya no se subordina a su significado. El destino de la poesía-magma de significante es la experiencia de la nominación originaria. José Ángel Conde expone su colección de poemas “Feto Oscuro” y nos expone y se expone él mismo desde el primer verso: “De mi doloroso parto nutro lo oscuro”. La primera impresión del libro es que está “embarazado” (sigo al título) de imágenes poderosas y oscuras. Es un libro oscuro: “De mi doloroso parto nutro lo oscuro. / No, tú no puedes estar dentro de mí”. Es un libro oscuro y sugestivo, y desde el título parece querer cumplir la vida como obra de arte. Poemas “feto”, poemas embrionarios; en proceso hacia. Desde lo “oscuro” hasta, más que ver la luz, hacer la luz. Es una poesía existencialista. El poeta (se) hace poemas, pero no ejerce el oficio de escritor, sino que el mismo escribir(se) es una forma de ser y de estar en el mundo. Aquí lo escrito late: “el feto embadurnado de sangre creativa”. Aquí lo escrito se independiza del escritor, lo trasciende: “el recién nacido no reconozca a la madre”. José Ángel Conde expone el mundo y se expone al mundo. Y en esa exposición revela una actitud y preocupación existencialistas ante un mundo tecnológico contemporáneo que le aliena y aniquila.  
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TOT

Las tripas salen fuera
cuando ya llevo horas desplazándome
un palmo por encima de los pies.
Enmedio no dejan de entrar 
disparos de humo.
Mi mente da vueltas alrededor del encéfalo
y el teatro bufo del siempre
me agota y averguenza de forma totalmente ajena,
así que salgo del local gris.

Creo que paso a través de la humillación 
y no me doy ni cuenta,
cuando atravieso el par de kilómetros
de la avenida cementerio de mi barrio,
donde sólo viven automóviles
y, a lo lejos, un contenedor en llamas
ilumina la glorieta del camposanto.
No tengo mucha conciencia de cómo
pero entro en mi portal de rejas negras
y subo todos los pisos dentro del estrecho ascensor.
Se para y salgo.

No, me paro.
Hay un espejo...
y he visto algo en él.

Trato de ver de qué se trata,
y, sea lo que sea, me mira.

Una voz,
una especie de voluntad chillona
dice que soy yo,
insiste en que soy yo.

Hago gestos, me muevo, hablo
y lo que hay delante de mí me imita,
igual, exactamente, igual.

La voz sigue tirando,
para decirme e insistirme una y otra vez
que tome conciencia de una vez,
que deje de dudar y confundirme,
que reconozca desesperadamente
que mis pensamientos pertenecen a ese reflejo,
que este instante, este ser y este presente,
provienen de la persona que tengo delante.

Un éter cósmico, una nube de super-conciencia,
duda y hace preguntas.
Tiene consciencia de sí mismo,
es una conciencia propia,
un círculo enorme y autosuficiente,
que se intuye a sí mismo
y sabe de su unidad y su entidad,
de su existencia,
pero se cuestiona pertenecer a ese reflejo,
se replantea que provenga de esa persona.
Lo siento como fuera de él,
como extraño.

Pero está ahí,
no cabe duda.

Tanto uno como otro
están ahí.
Entonces salgo del ascensor,
se cierra la puerta
y me voy hacia la cerradura
entre la oscuridad.


EN TRÁNSITO

Estoy en tránsito.
Apoyado en la pared de un subterráneo,
al lado de un teléfono de emergencia.
No sé explicar mis cambios de ánimo, climas mentales.

A veces no consigo leer,
como caigo en un avispero de letras
en el que las palabras me inyecten su significante,
pero vuelan zumbando con su significado,
saetas de luz que se escapan.

Lo mismo ocurre con las personas a mi alrededor,
itinerarios carnales con eterna prisa,
eterna mudanza que no consigo explicar y mucho menos alcanzar,
negándome siempre sus miradas,
estaciones de paso que yo querría individuales pero que escapan por el aire,
ya no más nuestro aire.

No sé cómo emprendo mis vuelos por la vida, siempre rasantes,
momentos compartidos que pasan dejando posos de dudas en los tragos que tomo, formando constelaciones de botellas de cristal,

lágrimas a medio hacer.
Los partos oscuros no duelen,
pero tampoco son fruto del amor.

Prefiero la punzada de unos ojos
que no teman mirar quién soy.

Luego la relajación del verso,
La parada de la vida.

Estoy en tránsito.




LÓGICA DE CRÁTER

Ojos en la oscuridad,
miradas perdidas en el bosque de las perspectivas,
filamentos que buscan brillar en medio de la negrura,
tejiendo esperanzas en lo oscuro,
recordando con los ojos cerrados
que tú también estabas en esa telaraña,
al principio de todo,
enredándonos sin piedad en un manto de carne
que no necesitaba nada más allá de los besos de sus fibras.
Despierto y me vuelvo a lanzar sobre la cama
que como un foso sin paredes no me da razones para despertarme,
porque siempre es de noche
y mis pensamientos reflejados hacen que la habitación se convierta
en una araña gigante negra que huye de mí.

El parto de la mañaña es como un aborto,
la ducha definitivamente un implacable bautismo.

"Ya estoy despierto otra vez", gritan todas las dudas.

Inicio así la tarea de tener que encontrarme cada día,
mi cuerpo encerrado en el cuerpo de ella,
los ecos de la oscuridad que nos cegaba tras nuestro abrazo,
y ahora ya separados, arrancados, sin saber por qué.

Me escapo del tiempo, que me desprecia.
No se puede asir el tiempo, ni a ella, y por ello es mejor
que su sabia melena castaña vuele en el mar del tiempo, sobre su cuerpo.

Pese a todos mis intentos
me están echando definitivamente del mundo
aunque ya nací fuera de él.

En la enésima de las prisiones urbanas surge el arma;
la cojo, la botella con el elixir que me hace sentir
que yo también puedo ser estúpido,
regalar mi cabeza a los elementos.

Junto a la botella,
adopto la postura adecuada al trono de la embriaguez,
exhalando anillos de humo dorado que recogen las palabras sentidas
que no me dan ocasión de pronunciar.

Es el silencio de la abulia, del tedio,
que me impone la rutina de ser humano
y no puedo contener cada cierto tiempo
el tumor que se acumula en mi cerebro,
explotando con su diástole de creatividad.

Sigo sintiendo que sólo puedo ser lo que siento,
acepto el fuego.
Tras todo eso viene siempre el dolor,
la soledad del feto que no sabe si está dentro de un útero.

Pero, ¿cómo puedo nacerme?
Las mujeres, tan maravillosamente primarias,
huelen mis sentimientos como madres confundidas
y reaccionan como lo haría una estación: variables.

Perdido en los complejos túneles del metro del devenir,
recién despierto y temblando otra vez,
te veo en los vagones recortada oscura contra la luz artificial; 
si me miraras de nuevo tal vez podrías parir,
alumbrar la belleza de la que estás preñada.

Sucesión de estampas de la mente que se desmorona,
el tiempo cayendo y yo volviendo a colocar sus ladrillos,
erosionados pero siempre dispuestos a sostener con su argamasa de nubes
mi confusa existencia.
Yo quiero tu sombra.
Las lágrimas dejaron con el tiempo cicatrices en su cauce, 
cicatrices que se filtraron al pensamiento, a cada idea,
rememorándote como quien quiere reconstruir algo.

Bajo la represión del amor acumulado
soy una eterna apertura al mundo que me hiere,
esperando copular con el exterior.

Extraído de:  Feto oscuro






AMOR FORENSE

Mi mano recorriendo tu cuerpo
es una araña,
moviéndose como si se deslizara,
suave, semiflotando, un dedo detrás de otro,
deteniéndose y palpando
ante los obstáculos,
casi sin tocarte.

Te erizas toda
y te muerdo,
dispuesto a echarte el veneno.

Un microsegundo antes,
tus tetas de láudano 
me sacuden cuando clavo los colmillos,
haciéndome vibrar como un arpa de tendones
y, enseguida, te cubre de azufre almizclado,
espeso y salado es sangre.

Muerta, te retuerces como viva.




INSECTOFILIA


Esqueletos pigmentando en rosa
como nubes de plástico exprimidas
ocupan la niebla entre oreja y oreja.

Entre las rejas de oscuridad de las paredes
se mueven los monstruos intentando entrar.
Desnudo en el centro del paladar de hormigón
mientras la polilla revolotea por el techo
y cada choque fibroso contra algo
lanza descargas eléctricas a mi vello.

No comprenden la sensualidad del insecto suicida,
ni sus caricias en cabriolas
buscando desgarrar carne con amor,
navegando entre la sangre en busca del centro.

Nadie lo comprende.
Tras la pausa del sexo octópodo
visto como todos mi cuerpo gris y arenoso
con mis ropajes de cemento y cal,
pero ahora todos me miran
y a mí no me importa.

Algo me dice que su asesinato no importa,
que podría servir para mostrarle sus órganos
entre mis manos callosas y áridas,
comparar mi cara surcada por llagas
con la magia de las piezas que los forman.

Es eso y no sus actos
lo que verdaderamente importa.
Yo ahora soy un mutante cerúleo
que sobrevive en la ciudad
atravesando las oleadas de polillas desorientadas.

Son sus pensamientos,
podridos, decadentes, ocres,
nunca brillantes o bellos...
corrompidos.

Lo veo claro como Ojo de Halcón,
lo veo más allá de las constelaciones.

La única polilla que llegó a encontrar su sitio
deshuevó antes de ser descuartizada.

Lo sé porque sentí cientos de cuchillos
en medio del sudor polínico
que unía nuestro pegajoso abrazo.

Extraído de:  Fiebres galantes





Jose Ángel Conde nace en Madrid (España) en 1976. 

Licenciado en Comunicación Audiovisual trabaja sobre todo en televisión desde 1997, desempeñando labores de cámara y técnica de iluminación y vídeo para diversas productoras y televisiones entre Madrid y Barcelona (Mediapro, Zeppelin), así como de diseñador e ilustrador freelance. También ha escrito y dirigido varios cortometrajes de carácter experimental y amateur en vídeo digital (La aguja, Tribeca, Una chica del sur).

Dentro del campo literario ha sido premiado como accésit y finalista en dos concursos literarios (Aenigma (2007) y Versos de la Torre del Reloj (2011)) y ha formado parte de varias antologías (Des-amor, El tamaño del tiempo, Cuentos selectos. IV), además de colaborar con sus poemas en revistas literarias (Groenlandia, Letras anónimas, Shiboleth) y con artículos en portales web (Suite101.net).

Es autor de la novela Pleamar (El Barco Ebrio) y de los poemarios digitales Fiebres galantes (Shiboleth) y Feto oscuro (Groenlandia).

Actualmente escribe en la web el blog literario Negromancia.


URL’s
-JOSEF A. Web personal. NEGROMANCIA. Blog. PLEAMAR. Novela. 
FETO OSCURO. Poemario. FIEBRES GALANTES. Poemario. SPLEEN PC. Canal de vídeos. 




Herederos del Kaos...







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